Plaza de la Paja, Madrid: Historia, Jardín y Cómo Llegar

Plaza de la Paja en Madrid, con fachadas históricas, árboles sin hojas y la cúpula de la iglesia de San Andrés al fondo.

La plaza de la Paja es de esas plazas que se atraviesan sin ver. Está en la parte baja de La Latina, es irregular, está en cuesta y no tiene fachadas de postal ni estatua en el centro. Y sin embargo es la plaza más antigua de las que sobreviven en Madrid, anterior a la Plaza Mayor en varios siglos, y el sitio donde la ciudad medieval hacía su mercado.

Esta guía cuenta qué fue, por qué se llama así, qué queda de aquella historia, cómo llegar y qué esperar hoy de una plaza que mezcla un jardín casi escondido, una capilla del siglo XVI y las terrazas de siempre. También lo que conviene no esperar, que es lo que evita las decepciones.

Dónde está la plaza de la Paja

Está en el barrio de La Latina, en el Madrid de los Austrias, entre la calle de Segovia, la calle del Príncipe de Anglona y la Costanilla de San Andrés, que la atraviesa de norte a sur. Es una plaza en pendiente porque sigue el trazado del antiguo arroyo de San Pedro, cuyo recorrido es hoy la calle de Segovia.

Si quieres situarla dentro del barrio, tienes la guía de La Latina, y si lo que te interesa es el entorno de la plaza más conocida de la ciudad, mira la Plaza Mayor, que queda a pocos minutos andando.

Cómo llegar

La estación de La Latina, en la línea 5 del metro, es la más cercana: se llega andando en unos cinco minutos, bajando hacia la Costanilla de San Andrés. Desde Tirso de Molina (línea 1) son unos ocho o nueve minutos, y desde la Puerta del Sol se llega andando en un paseo corto por el casco antiguo (Puerta del Sol).

También pasan por la zona autobuses de la EMT como los de las líneas 3, 31, 50, 65 y 148. En coche no te lo recomiendo: las calles son estrechas, de sentido único o peatonales, y aparcar es difícil. El aparcamiento más cercano es el del Mercado de la Cebada, con acceso por la calle de Toledo.

Por qué se llama plaza de la Paja

El nombre viene de una obligación muy concreta. Los vecinos de la zona tenían que entregar paja para las mulas de los capellanes y del cabildo de la Capilla del Obispo, que está en la plaza, y la plaza tomó el nombre de ese deber. Es un detalle poco glamuroso para una plaza con tanta historia, pero es justo lo que la hace creíble: un nombre de contabilidad doméstica, no de una batalla ni de un rey.

La plaza medieval: mercado y decadencia

Durante los siglos XIII y XIV, la plaza fue el centro comercial de Madrid, el sitio donde se hacía el mercado de la villa. Su importancia terminó en el siglo XV, cuando Juan II ordenó construir la plaza del Arrabal, antecesora de la actual Plaza Mayor, y el comercio y el paso de gente se desplazaron hacia allí.

Lo que quedó fue algo curioso. Las grandes familias nobles siguieron viviendo alrededor, y en el siglo XIX algunos propietarios vendieron sus parcelas para levantar viviendas de alquiler para trabajadores. Hoy no hay mercado, pero sí queda la huella de esa mezcla, con palacios al lado de casas de vecinos, que es una de las razones por las que la plaza no parece de ninguna época en concreto.

La Capilla del Obispo y el Palacio de los Vargas

El edificio más importante de la plaza es la Capilla del Obispo, construida entre 1520 y 1530 por encargo de la familia Vargas para guardar los restos de San Isidro. Tiene una fachada plateresca y un interior que mezcla gótico y renacimiento, con un retablo policromado. Una curiosidad: los restos del santo nunca llegaron a quedarse allí, por disputas con la parroquia de San Andrés, y acabaron en la capilla de San Isidro y después en la Colegiata.

Junto a la capilla está el Palacio de los Vargas, del siglo XVI, el único que se conserva de los palacios de las familias nobles que vivían en la plaza. Su fachada se remodeló en el siglo XX con un estilo que imita al de la capilla.

Un aviso práctico: la capilla no tiene horario regular de visita, así que lo normal es verla desde fuera. No vengas con la idea de entrar. Si te interesa más arte religioso en la ciudad, tienes iglesias de Madrid.

El Jardín del Príncipe de Anglona

En el lado norte de la plaza hay un jardín que casi nadie ve desde la calle: el Jardín del Príncipe de Anglona, un jardín noble del siglo XVIII, de los pocos que se conservan en Madrid. Está detrás de un muro de ladrillo, y su aspecto actual se debe a una reforma del siglo XX. Tiene una pérgola rodeada de rosales, una fuente y parterres con setos.

Lo difícil es entrar. Según las guías, el acceso es gratuito y suele abrir en una franja que cambia con la temporada, pero el horario es irregular y no está garantizado, así que no cuentes con él. Si la puerta está abierta cuando pasas, merece unos minutos, y la mejor época es primavera, cuando florecen los rosales. Si buscas más jardines tranquilos del centro, tienes jardines secretos de Madrid.

Dónde tomar algo

La plaza y sus alrededores se conocen por las terrazas y las cañas, con tapas, raciones y algún restaurante con opciones vegetarianas. Aquí hay que ser realista: es una plaza muy visitada, y eso se nota en los precios y en las colas de los fines de semana. Un plan que funciona es subir por la calle del Almendro, donde está Almendro 13, un bar popular por el mollete con pringá, que no admite reservas y se llena rápido.

Si quieres ver el ambiente de las terrazas, el momento clásico es el domingo por la mañana, después del Rastro, entre las diez y las doce, aunque sea cuando más gente hay. Para entender el mercado y cómo moverte por él, tienes el Rastro. Y para el resto de planes de barrio, vermuterías de Madrid y bares de barrio.

Un paseo de media hora desde la plaza

Si quieres aprovechar la visita, la plaza funciona bien como punto de partida. Desde allí puedes bajar por la calle de Segovia o subir por la Costanilla de San Andrés, que conserva el trazado de calle antigua, y llegar en pocos minutos a la calle de Toledo, que lleva hasta la Plaza Mayor. Con algo más de tiempo, el paseo se estira hacia el Palacio Real y la catedral de la Almudena, que tienes en la guía del Palacio de Oriente.

No hace falta planificarlo mucho: la zona se recorre bien sin mapa, y lo más útil es dejarse llevar por las calles que bajan hacia el río, mirando qué abre y qué no.

Cuándo ir

A primera hora de la mañana, la plaza está tranquila y se puede ver con calma la capilla, el palacio y las calles. Con luz de tarde, antes del atardecer, la fachada de la capilla se ve mejor. Y los fines de semana, sobre todo los domingos, es cuando hay más ambiente y más gente, así que depende de lo que busques.

Un consejo práctico: lleva calzado con buena suela. El adoquín y la pendiente se vuelven resbaladizos después de la lluvia. Y si lo que buscas es un plan sin gastar, la plaza es gratuita y está abierta a cualquier hora; tienes más en planes gratis en Madrid.

Qué no es la plaza de la Paja

No es una plaza de postal ni un sitio con un monumento que ver en cinco minutos. Es irregular, en cuesta, y tiene como único adorno una escultura de bronce del siglo XX de un hombre leyendo un periódico, sentado en un banco contra el Palacio de los Vargas. Su interés está en lo que se sabe de ella, no en lo que se ve a primera vista.

Por eso funciona mejor como parada dentro de un paseo por La Latina y los Austrias que como destino único. Y si vas con expectativas de entrar a la capilla o al jardín, mejor ve sabiendo que puede estar cerrado.

Nota de validez: horarios del jardín, aperturas de la capilla, locales y precios cambian. Confirma antes de ir.

Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro. Foto: “Plaza de la Paja” por Carmen Voces, CC BY 2.0.