La Latina: guía del barrio

La Latina: guía del barrio

La Latina ocupa el corazón más antiguo de Madrid, la parte que todavía se conoce como el Madrid de los Austrias. Sus calles estrechas y sus plazas irregulares no siguen ningún plano racional, siguen el cauce de arroyos que dejaron de existir hace siglos, y esa herencia medieval es lo primero que se nota al caminar por aquí, mucho antes de fijarse en ningún bar de tapas.

Una maestra de latín le dio nombre a todo un barrio

El nombre del barrio viene de Beatriz Galindo, humanista nacida en Salamanca a finales del siglo XV, una de las pocas mujeres de su época con formación universitaria. Fue maestra de latín de la reina Isabel la Católica y sus hijas, y ese dominio del idioma le valió el sobrenombre de "la Latina". Junto con su marido, fundó el Hospital de la Latina en el siglo XV, en el solar donde hoy se levanta el Teatro de la Latina, en plena calle de Toledo. La memoria popular de la ciudad terminó bautizando todo el barrio con su apodo, algo poco habitual tratándose de una mujer en la Castilla de los Reyes Católicos.

Administrativamente, el Ayuntamiento sitúa esta zona dentro del barrio de Palacio, en el distrito Centro. Pero para cualquier madrileño, el espacio que se extiende entre la calle Segovia, la Puerta de Toledo, El Rastro y la Plaza de la Cebada no se llama de otra forma que La Latina, tal como recoge incluso el propio mapa turístico municipal.

El Madrid que sobrevive de la Reconquista

Buena parte del trazado actual del barrio se remonta al siglo XII, cuando tras la Reconquista se levantaron murallas alrededor de la ciudad y esta zona quedó como una de las áreas intramuros. La organización urbana medieval, con plazas amplias y calles estrechas que siguen el antiguo recorrido del agua, se conserva casi intacta pese a que la mayoría de los edificios que hoy se ven datan del siglo XIX, construidos sobre las parcelas históricas.

La Plaza de la Paja, hoy uno de los rincones más fotogénicos del barrio, fue en la Edad Media el verdadero centro comercial de todo Madrid, mucho antes de que existiera la Plaza Mayor. Su nombre viene del mercado de paja que allí se celebraba, destinada a alimentar a las mulas al servicio de la Capilla del Obispo. Cuando el rey Juan II impulsó la construcción de la Plaza Mayor en el siglo XV, la actividad comercial se trasladó, y la Plaza de la Paja quedó como el espacio tranquilo que es hoy.

San Isidro, el patrón que vivió aquí

La Iglesia de San Andrés, con más de cinco siglos de historia, es una de las parroquias más antiguas de Madrid, y estuvo profundamente ligada a San Isidro Labrador, patrón de la ciudad, que según la tradición la frecuentaba junto a su esposa, Santa María de la Cabeza. Junto a ella se levantaba la casa de Iván de Vargas, el patrón de San Isidro, sobre la que después se construyó un palacio que hoy alberga el Museo de San Isidro, también conocido como "Los Orígenes de Madrid".

El museo recorre la historia de la ciudad desde la Prehistoria hasta la época del santo, con hallazgos como mosaicos romanos y objetos islámicos, y conserva el Pozo del Milagro, donde la tradición cuenta que San Isidro salvó a su hijo de morir ahogado cuando las aguas subieron hasta el borde del pozo. La entrada es gratuita. Muy cerca, la Colegiata de San Isidro guarda los restos del santo, cerrando un pequeño triángulo de memoria isidril que se puede recorrer en menos de media hora a pie.

La cúpula que solo tiene dos rivales en el mundo cristiano

La Basílica de San Francisco el Grande, construida en la segunda mitad del siglo XVIII y declarada Monumento Nacional en 1980, es de visita casi obligada por un dato que sorprende a quien no lo espera: su cúpula, de 33 metros de diámetro y 58 de altura, es la tercera más grande de la cristiandad, solo por detrás del Panteón de Roma y la Basílica de San Pedro del Vaticano. En su interior se conservan obras de Goya y Zurbarán, entre otros grandes nombres de la pintura española.

Cava Alta y Cava Baja, el corazón del tapeo

Si La Latina tiene fama por algo más allá de su historia, es por el tapeo. Las calles Cava Alta y Cava Baja, que arrancan cerca de la Plaza del Humilladero, concentran una de las mayores densidades de bares, tabernas y restaurantes de toda la ciudad. La Cava Baja nace en la Plaza de Puerta Cerrada y se prolonga hacia la Cava de San Miguel, mientras que la Cava Alta arranca desde la calle Toledo. Recorrerlas de un extremo a otro, parando en dos o tres locales, es de los planes más clásicos y menos decepcionantes que ofrece Madrid un fin de semana.

El Rastro, el domingo que define al barrio

Ningún recorrido por La Latina está completo sin coincidir en domingo con El Rastro, el mercadillo más famoso de España, que se extiende por la Ribera de Curtidores desde la Plaza de Cascorro. Ya le dedicamos un artículo completo en el Journal a su historia, así que aquí basta con decir que sigue siendo, siglos después de su origen, el motivo por el que muchos visitantes planean su domingo en Madrid alrededor de este barrio.

Rincones que casi nadie busca a propósito

Más allá de los grandes nombres, La Latina esconde rincones que premian a quien se desvía del camino más obvio. La Capilla del Obispo, una joya del Barroco escondida junto a la Plaza de la Paja, reabrió en 2010 tras cinco años de obras, después de haber estado declarada en ruinas durante cuatro décadas. Sus obras sacaron a la luz los cimientos de la antigua parroquia de San Andrés y su cementerio, visibles hoy a través de un cristal en el suelo. Justo al lado, el pequeño Jardín del Príncipe de Anglona ofrece un remanso de tranquilidad que contrasta con el ambiente bullicioso del resto del barrio, incluso en pleno domingo de Rastro.

Fiestas que llenan el barrio de música

Cada agosto, del 14 al 15, La Latina celebra la Fiesta de la Paloma, en honor a la patrona del barrio, con conciertos, bailes, concursos de tortilla de patata y verbenas que llenan sus plazas de gente. Es una de las tres verbenas que se celebran de forma consecutiva en barrios contiguos durante ese mes, y probablemente la más multitudinaria de las tres, heredera directa de la tradición castiza que el barrio nunca ha terminado de perder, pese a los cambios de las últimas décadas.

Cómo recorrerlo sin perderte nada

El punto de partida más lógico es la parada de metro de La Latina, en la línea 5, desde donde se puede empezar por la Plaza de la Paja y la Capilla del Obispo, seguir hacia la Plaza de San Andrés y su iglesia, visitar el Museo de San Isidro, y bajar hacia la Basílica de San Francisco el Grande antes de cerrar la tarde en Cava Baja. Si coincide en domingo, merece la pena reservar la mañana entera para El Rastro y dejar el resto del recorrido histórico para después, cuando el mercadillo empieza a recogerse y el barrio recupera su ritmo habitual.

La Latina no necesita ningún filtro para parecer fotogénica. Le basta con ser, siglo tras siglo, el barrio que mejor conserva la memoria del Madrid más antiguo, sin haber dejado por eso de ser uno de los más vivos de toda la ciudad, capaz de llenar sus plazas tanto un martes cualquiera como un domingo de Rastro con la misma naturalidad.

Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28, crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.