Mucha gente busca en Google "Palacio de Oriente" sin saber que en realidad está buscando el Palacio Real de Madrid. Es el mismo edificio, con dos nombres que conviven desde hace décadas: uno oficial, y otro popular que nació de su ubicación junto a la Plaza de Oriente, y que muchos madrileños siguen usando con más naturalidad que el nombre técnico.
Curiosamente, el sobrenombre resulta un poco paradójico si se piensa en términos geográficos estrictos: el palacio se encuentra en el extremo occidental de la ciudad, no en el oriental. El nombre no describe su posición dentro de Madrid, sino su relación directa con la plaza que lo enmarca por ese lado, y así ha quedado fijado en el habla popular desde hace generaciones.
De fortaleza musulmana a alcázar de los Austrias
La historia del emplazamiento se remonta al siglo IX, cuando el reino musulmán de Toledo construyó una fortaleza defensiva en este mismo punto, estratégico por su posición elevada sobre el valle del río Manzanares. Tras la Reconquista, los reyes de Castilla convirtieron aquella construcción en un nuevo castillo, el Antiguo Alcázar, que durante los siglos XIV y XV se consolidó como símbolo del poder real, y que en el siglo XVI se transformó en residencia de los monarcas de la Casa de Austria.
Aquel primer palacio desapareció en la Nochebuena de 1734, arrasado por un incendio durante el reinado de Felipe V. La leyenda cuenta que el rey, que nunca había sentido demasiado aprecio por el viejo alcázar, no lamentó del todo su pérdida: llevaba tiempo soñando con levantar un palacio a la altura de las grandes cortes europeas, y el incendio le dio la ocasión perfecta.
El palacio real más grande de Europa Occidental
Las obras del actual Palacio Real comenzaron en 1738, se prolongaron durante diecisiete años, y terminaron en 1755. Carlos III no llegaría a establecer en él su residencia habitual hasta 1764, formalizando entonces el uso que el edificio mantendría, con altibajos y distintos usos según la época, durante más de dos siglos de historia española.
Con una extensión de 135.000 metros cuadrados y 3.418 habitaciones, casi el doble que el Palacio de Buckingham o el de Versalles, el Palacio Real de Madrid es el palacio real en uso más grande de Europa Occidental y uno de los más grandes del mundo. Su diseño combina el barroco y el neoclásico, reflejando la transición artística que atravesó España durante los siglos XVIII y XIX, con fachadas de piedra caliza y granito que llegan a los 150 metros de longitud.
Un tesoro artístico dentro de sus muros
Más allá de su tamaño, el palacio guarda un patrimonio histórico y artístico de primer nivel. Entre sus piezas más singulares están los llamados Stradivarius Palatinos, un conjunto de instrumentos musicales de valor incalculable que sigue siendo, hoy, la colección más completa de instrumentos de este maestro luthier reunida en un mismo lugar del mundo, además de colecciones de pintura, escultura y tapicería que atraviesan varios siglos de historia del arte europeo. Las Salas de Estado y las colecciones artísticas están abiertas al público siempre que no haya actos oficiales en marcha, lo que en la práctica significa que conviene comprobar la agenda antes de planificar la visita, ya que una recepción de última hora puede alterar el horario habitual sin previo aviso.
De residencia real a sede simbólica
Desde que Alfonso XIII dejó de ser el último monarca en residir de forma habitual en el palacio, su función ha cambiado por completo. Durante la Segunda República, el presidente Manuel Azaña ocupó parte del edificio, y todavía hoy se conserva la estancia conocida como su despacho. En una de las esquinas de la fachada noroeste sobrevive, además, la única farola de estilo republicano que se conserva en Madrid, una curiosidad que pasa desapercibida para la inmensa mayoría de quienes visitan el edificio.
Hoy, ni el rey Juan Carlos I ni su hijo Felipe VI han usado el Palacio Real como vivienda familiar, prefiriendo el Palacio de la Zarzuela. El Palacio de Oriente ha quedado reservado para ceremonias, recepciones oficiales y actos de Estado, funcionando más como escenario institucional que como hogar en el sentido tradicional.
Los jardines que lo rodean
El palacio está flanqueado por dos conjuntos ajardinados de carácter muy distinto. Al oeste se extiende el Campo del Moro, de origen medieval, con un trazado de jardín romántico, mucho más frondoso e informal, que puede visitarse durante el día y que ofrece una de las vistas más fotografiadas del palacio desde su fachada oeste. Al norte, los Jardines de Sabatini, de diseño geométrico y trazado más reciente, del siglo XX, ofrecen una perspectiva distinta del edificio, con setos recortados y una simetría que contrasta con el aire más silvestre del Campo del Moro, y que sirven de escenario habitual para conciertos y espectáculos al aire libre durante los meses de verano.
Frente a la fachada principal, mirando hacia la Plaza de la Armería, y al este hacia la propia Plaza de Oriente, el conjunto se completa con la Catedral de la Almudena, cuya construcción, impulsada por Alfonso XII para albergar los restos de su esposa María de las Mercedes de Orleans, arrancó en 1878 y no llegó a concluirse hasta 1992, más de un siglo después de haber comenzado.
El cambio de guardia, un clásico que sigue en pie
El Palacio Real mantiene, en fechas señaladas del calendario, la ceremonia del Cambio de Guardia, con uniformes de época y despliegue de tropa que atrae tanto a turistas como a madrileños curiosos. Las fechas y horarios concretos varían según la temporada y pueden verse alterados por actos oficiales o climatología adversa, así que conviene comprobar el calendario actualizado en la web oficial antes de planificar la visita en torno a este evento.
Cómo visitarlo
El acceso principal se encuentra en la calle Bailén, frente a la Plaza de Oriente, con horarios que suelen extenderse de 10:00 a 18:00 o 19:00 según la época del año, y con cierre los domingos a las 16:00. El palacio permanece cerrado en fechas señaladas como el 1 y 6 de enero, el 1 de mayo, y los últimos días de diciembre. Reservar la entrada con antelación a través de la web oficial ayuda a evitar colas, especialmente en temporada alta, cuando el volumen de visitantes puede alargar considerablemente la espera en la propia calle.
Un recorrido completo por la zona puede combinar la visita al interior del palacio con un paseo por el Campo del Moro o los Jardines de Sabatini, una parada en la Catedral de la Almudena, y un último vistazo desde la propia Plaza de Oriente, el mirador perfecto para entender por qué, pese a su nombre oficial, tantos madrileños siguen prefiriendo llamarlo simplemente Palacio de Oriente. Pocos edificios en Europa concentran tanta historia, desde una fortaleza musulmana del siglo IX hasta un despacho presidencial republicano, en un mismo solar que ha cambiado de función una y otra vez sin perder nunca su papel central en la vida institucional española.
Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28, crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.