Todo el mundo en Madrid conoce Usera como el Chinatown de la ciudad, pero casi nadie sabe que ese nombre no tiene absolutamente nada que ver con China. Viene de un teniente coronel madrileño que vio más futuro en construir ladrillos que en sembrar patatas, casi un siglo antes de que llegara la primera familia asiática al barrio, en un terreno que entonces no era más que campo de cultivo a las afueras de la ciudad.
Esta es la historia real de Usera, desde su origen puramente madrileño hasta convertirse en el barrio chino más auténtico de España, con nombres, negocios y fechas concretas detrás de cada paso.
De dónde viene el nombre
El distrito debe su nombre a Marcelo Usera (1874-1955), teniente coronel y urbanista madrileño que decidió que los terrenos de cultivo heredados de su suegro, conocido popularmente como "El Tío Sordillo", darían mucho más rendimiento convertidos en viviendas que sembrados de patatas. La familia dejó su huella en el callejero del barrio de forma bastante literal: varias calles llevan el apellido o el nombre de sus miembros, entre ellas una dedicada a Isabelita Usera, su sobrina, algo que pocos vecinos actuales del barrio conocen cuando pasean por esas mismas calles cada día. El distrito, de apenas un siglo de vida, se compone hoy de varios barrios menores, entre ellos Orcasitas, Orcasur, San Fermín, Almendrales, Moscardó, Zofío y Pradolongo, cada uno con su propio carácter dentro del conjunto.
De barrio obrero a Chinatown
La comunidad china de Madrid no empezó en Usera. Durante décadas estuvo asentada en el céntrico y castizo barrio de Lavapiés, y solo a partir de los años setenta las primeras familias comenzaron a desplazarse hacia el sur, atraídas por precios más asequibles sin alejarse demasiado del centro. El verdadero punto de inflexión llegó a partir del año 2000, cuando el distrito, hasta entonces un barrio obrero sin mayor fama, experimentó una transformación completa. Hoy viven en Usera más de 11.000 personas de origen chino, una cuarta parte de toda la comunidad china de la región de Madrid, y su presencia ha convertido las calles en un mosaico de carteles en mandarín, restaurantes y comercios que conviven, puerta con puerta, con la tapería castiza de siempre, sin que ninguno de los dos mundos haya desplazado del todo al otro.
Las historias detrás de los negocios
Detrás del Chinatown madrileño hay nombres y trayectorias muy concretas. Fuwa Lo abrió el restaurante Royal Cantonés en 2009, y con el tiempo se convirtió en punto de encuentro de vecinos, turistas y hasta figuras públicas, entre ellas la que fue alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que llegó a visitar el local. Hui Chen, por su parte, vio cómo el pequeño negocio de alimentación de su familia crecía hasta convertirse en varios supermercados, un ejemplo bastante representativo de cómo se ha consolidado el comercio chino en la zona a lo largo de los años, pasando de una tienda de barrio a toda una pequeña cadena local. La propia asociación china de Usera nació para cubrir necesidades muy prácticas, como acompañar a quien llegaba nuevo al barrio o traducir documentos, y hoy actúa como uno de los actores centrales de la vida cultural del distrito, organizando actividades y sirviendo de puente con el resto de vecinos, un papel que ha ido creciendo especialmente en los últimos dos o tres años.
El panda de mármol y los relojes de sol
Usera guarda un par de símbolos que sorprenden a quien no los conoce. En el barrio de Moscardó, diecisiete relojes de sol diseñados en los años ochenta por el artista Alberto Corazón salpican el paisaje urbano, restaurados hace poco tras años de deterioro y de pasar prácticamente desapercibidos para la mayoría de los vecinos. Y en algún punto del distrito se levanta una escultura de un oso panda tallada en mármol, de un metro de altura y 500 kilos de peso, donada por la propia comunidad china como testimonio de los vínculos históricos entre España y China, una pieza que ha terminado convirtiéndose en uno de los iconos visuales más fotografiados del barrio, a pesar de su tamaño relativamente modesto comparado con otros monumentos de la ciudad.
Pradolongo, el corazón verde del Chinatown
El Parque de Pradolongo, con casi 600.000 metros cuadrados, es el gran pulmón verde de Usera, con un lago central, un templete y zonas deportivas remodeladas recientemente con elementos de parkour y máquinas de bajo impacto pensadas para el público mayor. Dentro del propio parque, un antiguo edificio que fue la iglesia Maris Stella funciona hoy como Centro de Educación Ambiental y Cultural, junto a un jardín botánico con gran diversidad de especies, y hasta un restaurante con terraza junto al lago para quien prefiera alargar la visita con algo de comer. Cada año, el parque y las calles cercanas se convierten en escenario del Gran Desfile del Año Nuevo Chino, con dragones, leones gigantes y farolillos, una celebración con más de 4.000 años de historia que en Usera se vive con una intensidad que ha ido creciendo notablemente en los últimos años, hasta el punto de que hoy atrae a visitantes de toda la ciudad, no solo del propio barrio.
Más allá del pato laqueado
Reducir la gastronomía de Usera al pato laqueado y los rollitos de primavera, los platos más conocidos fuera del barrio, sería quedarse con una fracción mínima de lo que realmente se cocina en sus calles. El hot pot, un caldo hirviendo en el centro de la mesa donde cada comensal cuece sus propios ingredientes, se ha convertido en una experiencia social habitual entre semana. Los dumplings, en sus múltiples variantes según la región de origen de cada cocinero, aparecen en cartas de todo tipo de precio y formato. Y el bubble tea, la bebida de té con perlas de tapioca que se popularizó primero entre la comunidad asiática y después entre el resto de la ciudad, tiene en Usera algunas de sus versiones más fieles al original, lejos de las cadenas comerciales que la han simplificado para el gran público en otras zonas de Madrid.
Cómo llegar y qué explorar
Usera está a apenas quince minutos del centro de Madrid, junto a la ribera del río Manzanares, muy cerca de Madrid Río y del centro comercial Plaza Río 2. Para quien quiera profundizar en la parte gastronómica del barrio, ya contamos con guías específicas sobre los mercados asiáticos y los restaurantes chinos que se concentran precisamente en esta zona, dos piezas que se leen mucho mejor después de entender el contexto completo del barrio que las rodea y por qué se ha convertido en lo que es hoy.
Un distrito que lleva el nombre de un urbanista que nunca imaginó que sus tierras de cultivo acabarían siendo el Chinatown más auténtico de España, con panda de mármol, relojes de sol y un Año Nuevo chino que cada febrero llena las calles de dragones. Pocos barrios de Madrid han construido una identidad tan propia partiendo de un origen tan distinto al que hoy los define, y esa distancia entre el nombre en el callejero y la realidad que se vive cada día en sus calles es, probablemente, la mejor manera de resumir lo que ha sido la historia reciente de Usera.
Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.