Lavapiés y Embajadores: guía del barrio más multicultural de Madrid

Lavapiés y Embajadores: guía del barrio más multicultural de Madrid

Lavapiés no existe como entidad administrativa, igual que pasa con Chueca o La Latina. Es una zona dentro del barrio de Embajadores, en el distrito Centro, que el propio Ayuntamiento reconoce en su mapa turístico aunque nunca haya tenido límites oficiales. Y aun así, es probablemente el barrio de Madrid donde la identidad popular pesa más que cualquier frontera administrativa: todo el mundo sabe dónde empieza y dónde termina, aunque nadie lo haya firmado en ningún documento.

Sus límites, según ese mismo mapa municipal, van desde la calle Atocha al este hasta las calles Magdalena y Duque de Alba y la Plaza de Tirso de Molina al norte, con la calle Embajadores al oeste y las rondas de Valencia y Atocha al sur. Dentro de ese perímetro relativamente pequeño se concentra una de las densidades culturales y sociales más altas de toda la ciudad.

Un arrabal judío que se convirtió en barrio obrero

El origen de Lavapiés se remonta a la Edad Media, cuando la zona funcionó como barrio judío, hasta la expulsión o conversión forzosa ordenada por los Reyes Católicos en 1492. Cuando Madrid se convirtió en capital del reino en 1561, esta área quedó como uno de los arrabales que crecieron extramuros de la ciudadela, con el trazado irregular y las calles empinadas que todavía hoy definen su paisaje. Desde entonces, el barrio ha sido habitado mayoritariamente por clases populares, algo que marcó su carácter durante siglos.

El propio nombre de Embajadores tiene su propia historia, contada como tradición más que como hecho documentado con precisión: se dice que en el siglo XVII, durante una epidemia de peste en tiempos de Juan II, las distintas embajadas presentes en Madrid tuvieron que trasladarse temporalmente a esta zona, dando origen al nombre que hoy lleva el barrio administrativo entero.

Las corralas, la arquitectura que define el barrio

Si hay un elemento arquitectónico que resume Lavapiés, son las corralas: viviendas de varias plantas construidas alrededor de un patio central, con el acceso a las casas por corredores abiertos que dan a ese patio, una tipología prácticamente extinta en el resto de la ciudad. La mejor conservada, la Corrala de la calle Tribulete, construida en 1872, inspiró la popular zarzuela La Revoltosa y fue declarada Monumento Nacional en 1977. Su interior quedó completamente a la vista cuando se derribó el edificio que cerraba la manzana, y hoy sigue siendo una de las postales más reconocibles del barrio.

La Tabacalera, de fábrica de tabaco a centro autogestionado

Pocos edificios resumen mejor la transformación de Lavapiés que La Tabacalera, en la calle de Embajadores, 51. Construida por encargo de Carlos III en 1781, funcionó como fábrica de tabaco desde 1809, llegando a emplear a 6.000 trabajadoras en unas instalaciones de 30.000 metros cuadrados. Declarada Bien de Interés Cultural en 1977, hoy funciona como centro sociocultural autogestionado por una asamblea vecinal, con talleres artísticos, exposiciones y un imponente despliegue de arte urbano en sus muros exteriores, que ya contamos con más detalle en el artículo del Journal sobre arte urbano en Madrid.

Cine Doré, el templo del cine que sobrevivió a su propio declive

El Cine Doré, en la Filmoteca Española, nació en 1912 como "salón Doré", un espacio dedicado a diversas actividades de ocio, antes de que el edificio actual se construyera en 1923 por el arquitecto Críspulo Moro Cabeza. Sus proyecciones contaron en su día con música en directo, pero con el tiempo sufrió un declive que lo llevó a reinventarse como sala de reestrenos en los años treinta y, finalmente, a convertirse en un cine de barrio antes de cerrar en 1963. Hoy, restaurado, sigue siendo referencia obligada para el cine en versión original de toda la ciudad.

Mercados que se reinventaron sin perder su función original

El Mercado de San Fernando, en la calle de Embajadores, 41, se fundó en 1944 como mercado de abastos tradicional. El relevo generacional del barrio lo fue dejando en el olvido, hasta que en 2010 nuevas iniciativas lo reactivaron, y hoy combina 48 puestos entre alimentación, cosmética, artesanía y oferta cultural. El Mercado de Antón Martín, en la calle Santa Isabel, sigue un patrón parecido, mezclando puestos de producto fresco con espacios gastronómicos de cocina internacional, y alberga en su interior la escuela de baile flamenco Amor de Dios, un nombre mítico entre quienes se dedican a este arte en Madrid.

Cien nacionalidades en las mismas calles

Según datos del Ayuntamiento de Madrid, en torno al 30% de los habitantes de Lavapiés son extranjeros, y el barrio llega a reunir más de un centenar de nacionalidades distintas conviviendo en un espacio relativamente pequeño. Esa diversidad se nota en el comercio: artesanía africana, narguiles y lámparas del Magreb, tiendas de electrónica, comida colombiana, taiwanesa, italiana o japonesa, todo a pocos pasos entre sí, en lo que más de una guía ha descrito como un auténtico bazar internacional en pleno centro histórico de Madrid.

La calle Argumosa, conocida popularmente como el "Boulevard de Lavapiés", concentra buena parte de las terrazas y restaurantes donde se puede probar esta mezcla de cocinas sin salir de una misma acera.

Fiestas que mezclan tradición castiza y diversidad cultural

El barrio celebra cada 10 de agosto la verbena de San Lorenzo, su fiesta patronal y el evento con mayor participación vecinal del calendario local. Junto a ella conviven celebraciones como el Año Nuevo chino o el Ramadán, con la misma naturalidad con la que conviven las cocinas del mundo en sus calles. El barrio también acoge cada año un festival de tapas que reúne a bares y restaurantes ofreciendo pinchos a precio reducido representando sabores de decenas de países distintos, una forma sabrosa y accesible de recorrer el carácter multicultural del barrio en una sola tarde.

Casa Encendida, cultura sin necesidad de gran presupuesto

La Casa Encendida, con su arquitectura neomudéjar, es uno de los grandes referentes culturales de la zona, con exposiciones, talleres y conciertos al aire libre en su terraza durante el verano. Junto al Museo Reina Sofía, a un paseo corto del corazón del barrio, y el palacio Fernán Núñez, Lavapiés y Embajadores concentran una densidad cultural que pocos barrios de Madrid pueden igualar en tan poco espacio.

Cómo recorrerlo

La forma más rápida de llegar es en metro: la línea 3 tiene parada en la propia Plaza de Lavapiés, y las líneas 3 y 5 paran en Embajadores. Un recorrido con sentido podría arrancar en la Plaza de Tirso de Molina, bajar por la calle de la Cabeza hacia la Plaza de Lavapiés, desviarse hacia la Corrala de Tribulete y La Tabacalera para ver el arte urbano, y cerrar la tarde en el Mercado de Antón Martín o en alguna terraza de la calle Argumosa.

Quien venga buscando la versión más conocida de Madrid, la de las grandes plazas y los monumentos con guía turística, puede llevarse una primera impresión equivocada de Lavapiés, porque aquí el atractivo no está tanto en un edificio concreto como en la superposición de capas: la herencia judía medieval, el pasado obrero, la fábrica de tabaco reconvertida en centro cultural, y la ola migratoria reciente que ha terminado de definir su carácter actual. Ninguna de esas capas ha borrado a la anterior, simplemente se han ido acumulando unas sobre otras.

La mejor forma de conocer Lavapiés, según coinciden buena parte de quienes lo recorren habitualmente, no es con una lista cerrada de sitios que visitar, sino dejando que los propios pies marquen el camino entre sus calles estrechas. Pocos barrios de Madrid premian tanto la curiosidad como este.

Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28, crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.