De todas las líneas del metro de Madrid, la línea 3, la amarilla, es la única que puede decir que creció literalmente durante una guerra, mientras sus propios túneles servían de refugio a la población civil bajo las bombas cada noche. Hoy conecta Moncloa con Getafe a través de 19 estaciones, pero su historia empieza mucho antes de que nadie imaginara ese recorrido, en un concurso convocado casi un siglo atrás.
Esta es la historia real de la línea amarilla, desde el concurso de 1934 hasta la ampliación más reciente, pasando por dos décadas enteras de renovación que la convirtieron en la más moderna de toda la red, sin que la mayoría de sus usuarios diarios sepa nada de todo este recorrido.
Nace en plena Guerra Civil
Ante el éxito de la primera línea de metro, en 1934 se convocó el concurso para construir una nueva línea entre Sol y Embajadores, dos de los puntos con más tráfico peatonal de toda la ciudad en aquella época. Las obras avanzaban a buen ritmo hasta el verano de 1935, cuando el pozo de construcción de mayor profundidad, situado en la plaza de Benavente, se inundó y obligó a replantear parte del proyecto. Pero lo más singular llegó después: a partir del 6 de agosto de 1936, en plena Guerra Civil, el metro permaneció abierto por las noches para que los madrileños pudieran refugiarse de los bombardeos en sus túneles, y a pesar del conflicto, la construcción de la línea 3 continuó durante esos mismos años, algo que hoy resulta difícil de imaginar en cualquier obra pública moderna. La extensión hasta Argüelles se inauguró oficialmente el 15 de julio de 1941, ya terminada la guerra, y se abrió al público al día siguiente.
Crecimiento hacia el sur industrial
Con la posguerra llegó la expansión hacia el sur de la ciudad, acercando la línea al entorno ferroviario e industrial que entonces definía esa zona de Madrid, muy distinta de lo que es hoy. La línea se prolongó hasta Delicias en 1949 y hasta Legazpi en 1951, consolidando un trazado que durante décadas se mantuvo prácticamente sin cambios, sirviendo de columna vertebral de transporte para barrios que en aquel momento crecían a gran velocidad, muchos de ellos poblados por familias que llegaban a Madrid buscando trabajo en las nuevas fábricas de la zona.
La única línea completamente renovada
Entre 2003 y 2006, la línea 3 vivió una transformación integral, la única de toda la red que se ha modernizado por completo en aspectos como estética, funcionalidad, seguridad y accesibilidad. Los andenes, originalmente de 60 metros, se ampliaron hasta los 90 mediante técnicas de excavación con pilotes, lo que permitió vestíbulos más amplios y la instalación de ascensores en todas las estaciones. Se retiraron las taquillas tradicionales, se instalaron nuevas máquinas expendedoras y se renovaron por completo los tornos de acceso, un proceso que llevó varios años y que obligó a cerrar tramos completos de la línea de forma temporal en distintas fases. En estaciones como Callao o Embajadores, los raíles se dejaron a ras de suelo, cubriendo las traviesas con hormigón al estilo de un tranvía o metro ligero, una solución poco habitual dentro de la red madrileña, pensada sobre todo por motivos estéticos en zonas de mucho tránsito peatonal.
Cruzando el río hasta el sur de Madrid
El salto más ambicioso llegó en 2007, cuando la línea cruzó por fin el río Manzanares y se extendió hasta Villaverde Alto, un hito que llevaba años planeándose y que amplió considerablemente el alcance de la línea hacia el extremo sur de la ciudad, uniendo por primera vez ese barrio con el centro sin necesidad de trasbordos adicionales. Ese trazado se mantuvo como referencia durante casi dos décadas, hasta la siguiente gran ampliación.
La ampliación más reciente, hasta Getafe
En 2025, la línea 3 llegó hasta El Casar, ya en el municipio de Getafe, donde enlaza con MetroSur y con Cercanías Renfe. Es la primera vez que esta línea sale de los límites administrativos de Madrid capital, y forma parte de un plan de expansión más amplio que en los próximos años también ampliará la línea 5 hasta el aeropuerto y creará la línea 11, pensada como diagonal completa de la ciudad entre Cuatro Vientos y Valdebebas Norte, dos proyectos que todavía están en fase de desarrollo.

Un par de curiosidades que casi nadie conoce
La estación de Almendrales tiene una particularidad poco habitual dentro de la red: cuenta con cuatro vías en lugar de las dos convencionales, una solución técnica pensada para gestionar mejor el tráfico de trenes en un punto estratégico del recorrido, algo que solo unos pocos usuarios habituales de esa parada llegan a notar con el tiempo. Y aunque la línea 3 comparte con la línea 1 el mismo origen histórico y la misma vocación de servir de refugio durante la guerra, su renovación integral de principios de siglo la convierte en la línea con la infraestructura más moderna de toda la red, algo que sorprende a quien la compara con el aspecto todavía muy original de otras líneas más antiguas.
Por qué es la línea amarilla
Cada línea del metro de Madrid tiene asignado un color desde sus primeros años de vida, pensado originalmente para que los usuarios pudieran identificar cada trayecto sin depender del número, algo especialmente útil en una época con menor nivel de alfabetización que la actual. El amarillo de la línea 3 se ha mantenido intacto desde entonces, sin ningún rediseño, a diferencia de otras señaléticas del transporte público que sí han sufrido cambios de identidad visual con el paso de las décadas. Es, junto al azul de la línea 1 y el rosa de la línea 8, uno de los colores que cualquier madrileño reconoce sin pensarlo, incluso sin saber el número exacto de la línea que está mirando en ese momento, con solo fijarse en el rótulo de la boca de metro más cercana.
Una línea pensada para la vida cotidiana
Más allá de las cifras y las fechas, la línea 3 conecta hoy algunos de los barrios con más movimiento diario de la ciudad: Moncloa, universitaria y llena de estudiantes; el centro histórico, con Sol y Callao; y el extremo sur, industrial y residencial, camino ya de Getafe. Pocas líneas de la red recorren un abanico tan amplio de realidades urbanas distintas en un solo trayecto, desde las terrazas del centro hasta los polígonos industriales del sur, pasando por barrios universitarios y zonas residenciales de toda condición, sin que el pasajero tenga que hacer ningún trasbordo para pasar de un mundo a otro completamente distinto en cuestión de minutos.
Una línea que nació de un concurso, se amplió mientras la ciudad se refugiaba en sus propios túneles, y noventa años después sigue creciendo, esta vez hasta un municipio que ni siquiera existía como parte del plan original. Pocas infraestructuras de Madrid cuentan una historia tan larga sin dejar nunca de moverse, ni una sola década de pausa completa en su expansión.
Los datos de ampliación y correspondencias de este artículo corresponden a mediados de 2026; futuras extensiones de la red pueden modificar el trazado descrito aquí.
Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro. Foto Mapa: Snooze123 - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=165073806