Pregunta a cualquiera cómo llegar a la plaza de Callao y sabrá indicarte el camino sin dudar. Pregúntale por qué se llama así y es mucho más probable que se quede en blanco. El nombre no tiene nada que ver con Madrid, ni siquiera con España: viene de una batalla naval librada al otro lado del Atlántico, frente a las costas de Perú, un dato que sorprende a la mayoría de la gente que cruza esa plaza varias veces por semana sin pensarlo.
Esta es la historia de la plaza más fotografiada de Gran Vía, desde su nombre hasta los edificios que la rodean, todos con más historia de la que sugiere su fachada actual, cubierta hoy de pantallas y publicidad digital que casi tapan del todo la arquitectura original.
De plaza de San Jacinto a plaza de Callao
El espacio se formó a mediados del siglo XIX, tras el derribo de una manzana de viviendas entre las calles Preciados y Jacometrezo, cerca de la antigua Red de San Luis. En sus primeros años se llamó plaza de San Jacinto, un nombre que duró poco. En 1866 se rebautizó como plaza de Callao, en recuerdo de la batalla del Callao, un enfrentamiento naval entre la Armada Española y la guarnición del puerto peruano de El Callao, ocurrido el 2 de mayo de ese mismo año, casualmente la misma fecha que Madrid recuerda por motivos completamente distintos y muchas décadas anteriores. El desenlace de aquella batalla, curiosamente, todavía se cuenta de forma distinta según el lado que lo relate: los historiadores peruanos la presentan como una defensa exitosa del puerto, mientras que los españoles la describen como una retirada ordenada tras cumplir el objetivo militar. Ninguna de las dos versiones se impone del todo sobre la otra, y ambas siguen conviviendo en los libros de historia de cada país, sin que ninguno de los dos relatos haya conseguido desplazar del todo al contrario, ciento sesenta años después de que ocurriera el episodio que da nombre a esta plaza.
El rascacielos que fue el edificio más alto de Madrid
En el número 4 de la plaza se levanta el Palacio de la Prensa, construido entre 1924 y 1928 por encargo de la Asociación de la Prensa de Madrid, e inaugurado oficialmente en abril de 1930. Con 58 metros de altura y 16 plantas, fue durante un tiempo el edificio más alto de la ciudad, un título que hoy resulta casi imposible de imaginar viendo lo modesto que parece frente a los rascacielos actuales. Su autor, el arquitecto Pedro Muguruza, fue discípulo directo de Antonio Palacios, el mismo que dejó su huella en la Casa Palazuelo y en buena parte de las estaciones del metro madrileño, aunque el estilo del Palacio de la Prensa, más vanguardista y con influencias americanas, se aleja bastante del lenguaje de su maestro. El edificio nació con una vocación multifuncional poco habitual para la época: albergaba una sala de cine con capacidad para 1.800 espectadores, un café de conciertos que hoy funciona como discoteca, oficinas y viviendas de alquiler, todo bajo el mismo techo triangular aprovechando la forma irregular del solar. Por sus salas pasó en su momento el grupo de teatro universitario La Barraca, dirigido por Federico García Lorca, y en sus oficinas se llegó a editar la revista satírica La Codorniz, dos referencias culturales que pocos madrileños asocian hoy con el edificio que ven pasar cada día camino de Callao.
El cine que estrenó a Luis Candelas
Al otro lado de la plaza, el Cine Callao abrió sus puertas el 11 de diciembre de 1926, obra del arquitecto Luis Gutiérrez Soto en su primer proyecto como profesional independiente, con una fachada de marcada influencia art déco. Se inauguró con la proyección de "Luis Candelas, el bandido de Madrid", y desde entonces se ha convertido en uno de los cines de referencia para estrenos y preestrenos de la ciudad, un papel que sigue cumpliendo casi un siglo después, con alfombras rojas que todavía hoy reúnen a actores y directores frente a la misma fachada de los años veinte. Muy cerca, el edificio Carrión, sede del antiguo Cine Capitol, tiene su propio mérito histórico menos conocido: fue el primer edificio de todo Madrid en contar con aire acondicionado, un lujo que en su momento debía sentirse casi futurista.
De plaza de cine a escaparate digital
Durante buena parte del siglo XX, Callao funcionó como el gran epicentro cinematográfico de Madrid, con carteles pintados a mano anunciando los estrenos de cada semana. Hoy esos carteles han sido sustituidos por pantallas de led de gran formato, entre ellas una de 240 metros cuadrados instalada en la fachada del edificio Metrovacesa, una de las mayores de Europa, que ha llevado a más de un periodista a comparar la plaza con Times Square en Nueva York, no siempre con intención elogiosa. El Palacio de la Prensa fue declarado Bien de Interés Patrimonial en 2017, y desde entonces está pendiente de un plan de rehabilitación aprobado por el Ayuntamiento que todavía no se ha ejecutado por completo, centrado sobre todo en recuperar la fachada trasera del edificio y devolverle parte del aspecto original que perdió con las sucesivas reformas comerciales de las últimas décadas, un proceso que avanza más despacio de lo que muchos vecinos del barrio esperaban cuando se aprobó.
Una plaza que también fue comercial desde el principio
Callao nació ya como extensión natural de Gran Vía, con vocación comercial y de ocio desde su origen. El edificio que hoy ocupa El Corte Inglés fue, hasta 1952, el emplazamiento del hotel Florida, célebre en su día por haber alojado a corresponsales de guerra extranjeros durante la Guerra Civil española. Ese mismo año, Galerías Preciados levantó ahí su edificio insignia, sustituyendo al hotel, en una zona donde la firma ya contaba con otro local propio en la calle Preciados, hoy ocupado por una tienda Fnac. Cerrando la plaza por el lado de Gran Vía, el edificio La Adriática, obra de Luis Sainz de los Terreros entre 1926 y 1928, sirvió originalmente de sede a una compañía de seguros, con viviendas y locales comerciales en los bajos, un uso mixto que se repite en casi todos los edificios históricos de esta plaza.
Una plaza que empezó llamándose de otra manera, cambió de nombre por una batalla librada a miles de kilómetros de distancia, y terminó convirtiéndose en el escaparate digital más grande de la ciudad. Pocas plazas de Madrid han cambiado tanto de piel sin cambiar nunca de dirección postal, ni una sola vez en más de siglo y medio de historia continuada en el mismo punto exacto de la ciudad.
Los datos sobre el estado de rehabilitación del Palacio de la Prensa corresponden a mediados de 2026 y pueden haber avanzado desde entonces; conviene confirmar el estado actual antes de dar por hecho cualquier plazo concreto.
Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.