Junto a la Puerta del Sol, pegada a la pastelería La Mallorquina, hay una fachada que miles de personas cruzan cada día sin fijarse en ella, y eso no es casualidad ni desidia del transeúnte: es exactamente lo que su arquitecto quería conseguir. La Casa Palazuelo fue diseñada a propósito para no llamar la atención, algo bastante raro viniendo de uno de los arquitectos más reconocibles de la historia de Madrid, cuya firma se nota en varios de los edificios más fotografiados de la ciudad.
Esta es la historia de un edificio pensado para camuflarse, y de la confusión de nombre que arrastra desde hace más de un siglo, incluso entre quienes escriben sobre patrimonio madrileño con toda la buena intención del mundo.
El arquitecto que ya conocías sin saberlo
Detrás de la Casa Palazuelo está Antonio Palacios, el mismo arquitecto que firmó el Palacio de Cibeles, el Círculo de Bellas Artes, el Hospital de Maudes y buena parte de las estaciones más reconocibles del metro de Madrid, incluido el logotipo que la red sigue usando hoy. Si conoces esa faceta suya como diseñador de estaciones, la Casa Palazuelo te va a sorprender precisamente por lo poco que se parece, a primera vista, al resto de su obra pública. Si ya conoces alguna de esas obras, reconocerás en la Casa Palazuelo los mismos gestos que Palacios repetía en sus fachadas: cabezas aladas de inspiración mitológica, probablemente representando a Hermes, y una atención al detalle ornamental que rara vez se asocia con un edificio pensado para oficinas y comercios.
Un edificio diseñado para pasar desapercibido
El encargo llegó en 1919, de la mano del empresario Demetrio Palazuelo Maroto, con una condición poco habitual: el edificio no debía competir en protagonismo con los nuevos edificios que estaban surgiendo alrededor de la Puerta del Sol tras su ensanche. Palacios se inspiró en la arquitectura comercial que ya se construía en Estados Unidos, y levantó uno de los primeros edificios de Madrid pensados desde el origen para uso exclusivamente comercial y de oficinas, en un solar de apenas 224 metros cuadrados entre las calles Mayor y Arenal. El resultado cumplió exactamente su propósito: quien pasa por delante rara vez repara en él, a pesar de estar a un paso de uno de los puntos más fotografiados de la ciudad, algo que probablemente ningún otro edificio de Palacios puede decir de sí mismo.
El patio que nadie espera encontrar
Lo que la fachada discreta esconde es un interior que sorprende a cualquiera que consiga entrar. Las plantas del edificio se distribuyen alrededor de un patio central de formas curvas y contracurvas, iluminado por una gran vidriera cenital que convierte la escalera en el punto más espectacular de todo el recorrido. Es el tipo de contraste que Palacios utilizó en varios de sus proyectos, una fachada exterior contenida frente a un despliegue decorativo mucho mayor en el interior, reservado solo para quien realmente entra, casi como si el propio edificio guardara su mejor argumento para quien se toma la molestia de cruzar la puerta.
La otra Casa Palazuelo, la que genera confusión
Aquí conviene aclarar algo que varias fuentes mezclan sin querer: existe otra "Casa Palazuelo" en Madrid, en el número 54 de la calle Alcalá, construida entre 1906 y 1911 también por Antonio Palacios, pero como vivienda privada para el mismo Demetrio Palazuelo, varios años antes del edificio comercial de la calle Mayor. Son dos encargos distintos, del mismo promotor al mismo arquitecto, separados por más de una década y con usos completamente diferentes, y es fácil encontrar artículos que las confunden como si fueran el mismo edificio. Si buscas "Casa Palazuelo" y te encuentras referencias contradictorias sobre su ubicación exacta, esta es la razón: no hay un error de una sola fuente, hay literalmente dos edificios distintos compitiendo por el mismo nombre.
De oficinas a hotel de lujo
El edificio de la calle Mayor sigue en pie con su uso comercial y de oficinas original, protegido desde 1997 como Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento, con el nivel más alto de protección que contempla el catálogo municipal. En 2024 y 2025, el Ayuntamiento de Madrid aprobó un plan especial para transformarlo en un hotel de lujo, blindando por completo los elementos protegidos del inmueble para garantizar que la reconversión no altere ni la fachada ni las características constructivas originales. Es un cambio de uso considerable, aunque no el primero en la historia del edificio, y probablemente no será el último tampoco, teniendo en cuenta lo bien situado que está y la presión inmobiliaria constante que sufre cualquier solar a un paso de la Puerta del Sol.
Cómo visitarla hoy
Como el edificio mantiene uso comercial y de oficinas, en teoría basta con pedir permiso al conserje para asomarse al patio interior, siempre guardando silencio y sin molestar a quienes trabajan allí, un gesto que muy pocos visitantes de Madrid se atreven a intentar aunque casi siempre funcione. Para quien prefiera una visita con contexto histórico completo, existen también rutas guiadas específicas centradas en la obra de Antonio Palacios en Madrid, con un coste aproximado de 10 euros por persona, que suelen incluir el acceso a la escalera y, según la organización del edificio en cada momento, a la azotea. Conviene tener en cuenta que, con el proyecto de conversión en hotel ya aprobado, las condiciones de acceso pueden cambiar en los próximos años, así que lo que hoy es un favor pedido al conserje podría convertirse mañana en una reserva de hotel de lujo con precios muy distintos.
Un edificio pensado para no destacar, obra de uno de los arquitectos que más ha marcado la fisonomía de Madrid, con un nombre que se confunde con otro edificio del mismo promotor, y a punto de cambiar de uso después de más de un siglo. Pocas fachadas de la ciudad esconden tanta historia detrás de tan poco protagonismo aparente, y esa combinación, discreción por fuera y densidad de historia por dentro, resulta casi irónica viniendo de un arquitecto que en la mayoría de sus otras obras hizo justo lo contrario.
Un arquitecto que se repite por toda la ciudad, con caras distintas
Lo curioso de Antonio Palacios es que rara vez repitió estilo de un edificio a otro, algo poco habitual en un arquitecto con una obra tan extensa y tan reconocible en su conjunto. El Palacio de Cibeles es monumental y casi imperial, el Círculo de Bellas Artes juega con la verticalidad y la escultura de coronación, el Hospital de Maudes combina ladrillo y funcionalidad casi industrial, y la Casa Palazuelo, en cambio, se esconde. Cuatro encargos, cuatro soluciones completamente distintas, y sin embargo cualquiera que conozca bien su obra reconoce en todas ellas la misma mano detrás, en los detalles ornamentales, en el cuidado del interior, en esa capacidad de adaptar el lenguaje arquitectónico a lo que cada cliente y cada solar concreto necesitaban, sin repetirse nunca del todo, y sin firmar nunca dos veces exactamente el mismo edificio.
Las condiciones de acceso y visita de este artículo corresponden a mediados de 2026 y pueden cambiar con el proyecto de conversión en hotel; conviene confirmar antes de planear una visita.
Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.