El 2 de mayo de 1808 en Madrid: lo que pasó de verdad

El 2 de mayo de 1808 en Madrid: lo que pasó de verdad

En pleno Malasaña, en la plaza que lleva su nombre, hay un grupo escultórico que miles de personas cruzan cada fin de semana camino de una terraza sin preguntarse quiénes son las dos figuras que representa. Se llaman Daoíz y Velarde, los mismos nombres que Madrid le puso de forma popular a los leones de bronce del Congreso de los Diputados, y su historia real dura apenas unas horas, concentradas en un cuartel que ya no existe pero que dio nombre, sin que la mayoría de vecinos lo sepa, a todo el barrio que lo rodea hoy.

Esta es la historia completa de lo que pasó allí el 2 de mayo de 1808, sin dramatizarla más de lo que ya fue, porque no le hace falta.

Una mañana que empezó con un motín en Palacio Real

La tensión llevaba semanas acumulándose en Madrid. Tropas francesas al mando de Napoleón llevaban meses instaladas en la ciudad con total libertad de movimiento, y el descontento popular, alimentado por las duras condiciones de vida, buscaba solo una chispa para estallar. Esa mañana del 2 de mayo, los disturbios comenzaron junto al Palacio Real, cuando el pueblo se opuso al traslado de los últimos miembros de la familia real que quedaban en Madrid hacia Francia. En apenas un par de horas, el motín se extendió por buena parte de la ciudad, alcanzando barrios que hasta ese momento parecían completamente ajenos a lo que estaba ocurriendo junto al Palacio. Ese lugar está muy ligado a cómo Madrid recuerda hoy el 2 de mayo, y sirve como uno de los pocos episodios de la historia de la ciudad que se puede seguir sobre el terreno, calle a calle, sin necesidad de imaginación: la zona del Palacio Real, el trayecto que recorrió Velarde desde San Bernardo, y la propia plaza donde todo terminó.

El único cuartel que desobedeció la orden

El ejército español tenía orden expresa de permanecer acuartelado, sin intervenir bajo ningún concepto. Todos los destacamentos de la ciudad obedecieron esa orden, excepto uno: el Parque de Artillería de Monteleón, situado en el solar que hoy ocupa la plaza del Dos de Mayo, en Malasaña. Ese día estaba al mando el capitán Luis Daoíz, sevillano de 41 años, con una carrera militar que incluía la defensa de Ceuta y la lucha contra tropas inglesas en Cádiz. Su compañero, el capitán cántabro Pedro Velarde, de 29 años, se encontraba en ese momento en su despacho de la Junta de Artillería, en la calle San Bernardo, y corrió hacia el cuartel en cuanto escuchó los primeros disparos. Se les unió también el teniente Jacinto Ruiz, junto a otros oficiales que decidieron, todos ellos, desobedecer una orden directa a sabiendas de lo que eso podía significar.

Tres horas de combate completamente desigual

Las cifras exactas varían según la fuente: unos hablan de unos veinte soldados y un centenar de civiles voluntarios armados con tres cañones, frente a un contingente francés de entre ochenta y varios miles de hombres, según qué cifra se tome como referencia del ejército invasor completo desplegado por la ciudad ese día. Lo que todas las fuentes coinciden en señalar es que la defensa de Monteleón resistió durante unas tres horas frente a una fuerza muchísimo mayor, con mujeres del propio barrio ayudando a transportar munición hasta las posiciones de tiro, en unas condiciones que hoy resulta difícil imaginar desde la comodidad de una plaza convertida en zona de ocio. La táctica de colocar la artillería a puerta cerrada, sorprendiendo a los franceses cuando finalmente entraron, causó bajas importantes entre las tropas asaltantes antes de que llegaran refuerzos suficientes para decantar el combate a su favor.

Cómo murieron Daoíz y Velarde

Según el relato que recoge Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales, Daoíz fue alcanzado por la espalda con una bayoneta y después rematado a estocadas; su cuerpo fue trasladado a su propia casa esa misma noche. Velarde murió al intentar reforzar una de las entradas del cuartel, alcanzado por un disparo a quemarropa. Su cuerpo, tras ser ultrajado por las tropas francesas, fue recuperado y enterrado al día siguiente junto al de Daoíz en la iglesia de San Martín. El teniente Ruiz sobrevivió malherido al combate, pero murió pocos meses después a causa de las heridas, un desenlace que rara vez se menciona junto al de sus dos compañeros más recordados.

Lo que vino después

La represión posterior al levantamiento, y en especial los fusilamientos del día siguiente, el 3 de mayo, inmortalizados décadas más tarde por Francisco de Goya en uno de los cuadros más conocidos de la pintura española, se convirtieron en el verdadero punto de inflexión de la memoria colectiva sobre aquellos días. Lo que empezó como un levantamiento sofocado en apenas unas horas terminó siendo el detonante de la Guerra de la Independencia española contra la ocupación napoleónica, un conflicto que se prolongaría varios años más y que cambiaría por completo el curso de la historia de España durante todo el siglo XIX.

Dónde ver hoy su recuerdo

En la actual plaza del Dos de Mayo, sobre el solar exacto donde estuvo el cuartel de Monteleón, todavía se conserva el arco de entrada original, uno de los pocos restos físicos que sobreviven de aquel recinto. Justo delante, el grupo escultórico de Daoíz y Velarde, tallado en mármol por Antonio Solá en el siglo XIX por iniciativa de Fernando VII, ocupó originalmente un emplazamiento distinto, cerca del Museo del Prado, antes de trasladarse a su ubicación actual. Ambos nombres se repiten también en la fachada del Congreso de los Diputados, donde el pueblo de Madrid decidió bautizar así, de forma extraoficial, a los leones de bronce que custodian la entrada, un homenaje que une dos monumentos separados por varios kilómetros pero unidos por la misma memoria.

Una plaza donde hoy se toma cerveza al sol sin que casi nadie repare en que, hace más de dos siglos, fue el último punto de resistencia de una ciudad entera durante apenas unas horas. Conocer esa historia no cambia el plan de la tarde, pero sí cambia un poco la forma de mirar la plaza la próxima vez que se cruce por ella, y probablemente también la forma de mirar esos dos leones de bronce la próxima vez que alguien suba la escalinata del Congreso sin saber muy bien por qué se llaman así.

Pocos episodios de la historia de Madrid concentran tanto en tan poco tiempo: una orden desobedecida, tres horas de combate desigual, tres nombres propios que la ciudad decidió no olvidar, y un desenlace que terminaría cambiando el rumbo de todo un país durante los años siguientes. Todo eso, sobre un puñado de metros cuadrados que hoy forman parte de la rutina diaria de miles de vecinos de Malasaña, que probablemente ni siquiera saben, la mayoría de las veces, sobre qué terreno exacto están sentados cuando piden la segunda caña de la tarde.

Las cifras exactas de combatientes de este episodio varían ligeramente según la fuente histórica consultada; este artículo recoge los datos más citados por fuentes documentadas, sin pretensión de zanjar el debate historiográfico.

Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro. Foto: El tres de mayo de 1808 (fragmento), Francisco de Goya, 1814. Museo del Prado. Dominio público.