Antes de que se derribara el primer ladrillo, Madrid entero ya hablaba de la Gran Vía en los cafés, como si fuera una promesa que llevaba años pendiente de cumplirse. Cuando por fin llegó, en 1910, se tragó casi trescientas viviendas y quince calles enteras. Lo que empezó como una obra pensada para unos pocos años se prolongó durante 45, construida en tres tramos sucesivos que convirtieron la avenida en una especie de museo al aire libre de la arquitectura española del siglo XX.
Esta es la historia real de la calle más fotografiada de Madrid, edificio por edificio, con los datos que casi nunca aparecen en la foto.
Una obra que se tragó un barrio entero
La construcción de la Gran Vía exigió demoler cerca de trescientas viviendas y hacer desaparecer quince calles del plano de la ciudad, además de levantar nueve mil metros de aceras y veintinueve mil metros de adoquines, sin contar el trasiego de cañerías y canalizaciones subterráneas que hubo que reorganizar por debajo. Fue, para la época, un desafío técnico y logístico sin precedentes en Madrid, agravado por un contexto de inestabilidad política y social que complicó todavía más el proyecto, con cambios de gobierno que afectaron directamente al ritmo de las obras en más de una ocasión. Las obras arrancaron en 1910 y no se dieron por completamente rematadas hasta 1955, casi medio siglo después, con tres tramos construidos de forma sucesiva y varias generaciones de promotores distintos detrás, cada una dejando su propia huella estilística en el tramo que le tocó levantar.
El Edificio Metrópolis, que ni siquiera es el número 1
El edificio que todo el mundo asocia con el inicio de la Gran Vía, el Metrópolis, se levantó entre 1907 y 1910 sobre el solar de la llamada Casa del Ataúd, un edificio tan estrecho de fachada que el propio apodo popular lo decía todo sobre su forma alargada y casi imposible de habitar con comodidad. El concurso internacional lo ganaron los arquitectos franceses Jules y Raymond Février, aunque la obra final corrió a cargo del español Luis Esteve. Se inauguró en enero de 1911, coronado por una estatua de la Victoria alada, obra de Federico Coullaut, que sustituyó en 1977 a la figura original de un Ave Fénix, símbolo de la aseguradora que primero ocupó el edificio y que se llevó la escultura original al cambiar de dueño el inmueble en 1972. Un dato que sorprende a cualquiera: aunque se asume que aquí empieza la Gran Vía, su dirección oficial es Calle de Alcalá 39, y el verdadero número 1 de la avenida corresponde a otro edificio, el Grassy, algo más discreto y mucho menos fotografiado por quienes pasan cada día bajo sus balcones sin levantar la vista.

El Edificio Telefónica, el primer rascacielos de Europa
Construido entre 1926 y 1929 por el arquitecto Ignacio de Cárdenas Pastor, el Edificio Telefónica alcanzó los 89,3 metros de altura y se convirtió en el primer rascacielos construido en todo el continente europeo, un título que conservó como edificio más alto de Madrid hasta 1953, cuando el Edificio España le arrebató el puesto a apenas medio kilómetro de distancia, cerrando así un reinado de más de dos décadas como referencia visual indiscutible de todo el skyline madrileño. En sus salones, el propio Alfonso XIII realizó la primera llamada telefónica transoceánica de la historia, conversando con el presidente estadounidense Calvin Coolidge, que se encontraba al otro lado del océano en la Cámara de Comercio de Washington. Años después, durante la defensa de Madrid en la Guerra Civil, su altura lo convirtió también en puesto de vigilancia estratégico, muy alejado de la función comercial para la que había sido construido originalmente, un uso bélico que pocos de quienes hoy entran a comprar un móvil en sus plantas bajas llegan siquiera a imaginar.
El Capitol y el cartel que un alcalde indultó junto al de Tío Pepe
En la confluencia con Callao, el Edificio Carrión, más conocido como Edificio Capitol, arrancó su construcción en 1931 y hoy está declarado Bien de Interés Cultural, reconocido como uno de los mejores ejemplos del racionalismo con tintes expresionistas de toda la arquitectura española de entreguerras. Es inseparable de su luminoso de Schweppes, uno de los carteles publicitarios más reconocibles de Madrid, que corrió la misma suerte que el cartel de Tío Pepe en la Puerta del Sol: ambos estuvieron a punto de desaparecer por una ordenanza municipal contra la contaminación lumínica, y ambos fueron finalmente perdonados por el propio alcalde de Madrid, que reconoció su valor sentimental para la ciudad en dos decisiones tomadas con pocos años de diferencia pero bajo el mismo criterio de excepción histórica.
Una avenida que ya tenía parada de metro en 1919
Cuando la primera línea de metro de Madrid se inauguró en 1919, entre Sol y Cuatro Caminos, la Gran Vía todavía estaba a medio construir. La estación que hoy lleva su nombre se llamaba entonces Red de San Luis, por el cruce junto al que se abrió, y fue una de las ocho paradas con las que arrancó el sistema. Aquel tramo del subsuelo convivía con una calle en obras, con andamios y solares vacíos a lo largo de buena parte de su recorrido. La avenida que conocemos hoy tardó todavía años en consolidarse.
Trescientas viviendas demolidas, quince calles desaparecidas, cuarenta y cinco años de obras y un puñado de edificios que, cada uno por su cuenta, podría presumir de ser el más fotografiado de Madrid. La Gran Vía no es una sola historia, es la suma de varias décadas de arquitectos distintos intentando dejar su huella en el mismo kilómetro y medio de asfalto.
Una avenida pensada para no parecer una sola obra
Lo curioso de la Gran Vía es que, pese a construirse en tres tramos sucesivos a lo largo de 45 años, nunca llegó a sentirse como una avenida fragmentada o inconexa. Cada promotor, cada arquitecto y cada década dejaron su propio estilo sin que el conjunto perdiera coherencia visual, algo que no siempre ocurre cuando una misma calle se levanta por partes y con tanto tiempo de diferencia entre un tramo y el siguiente. Esa capacidad de sumar estilos tan distintos, del eclecticismo afrancesado del Metrópolis al racionalismo del Capitol, sin que la avenida termine pareciendo un muestrario desordenado, es probablemente el mayor logro urbanístico de toda la Gran Vía, por encima incluso de cualquiera de sus edificios tomados por separado.
Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.