Madrid tiene un Retiro tan grande que a veces eclipsa a todos los demás parques, y eso favorece a un jardín que se esconde a pocos minutos del Palacio de Deportes: la Quinta de la Fuente del Berro. No sale en las listas de parques imprescindibles, no tiene la fama del Capricho ni la multitud de los fines de semana del Retiro, y sin embargo tiene casi cuatro siglos de historia, agua que se corría por ella desde el siglo XVII y un palacete que fue escenario de fiestas.
Esta guía cuenta de dónde viene el nombre, quién tuvo la finca antes de que fuera pública, qué ver hoy dentro del parque y cómo llegar sin perder tiempo. Con la información práctica al final, para que puedas usarla sin leer todo.
De dónde viene el nombre
El berro es una planta de agua, y la fuente que dio nombre a la finca brotaba en este terreno desde hace siglos. Su agua venía del arroyo Abroñigal y está documentada desde el siglo XVII. La familia real la consideraba una de las mejores de Madrid, y de ahí surgió su otro nombre popular, la Fuente del Rey. Cuando Carlos III mandó protegerla con una pequeña caseta, quedó como símbolo de la finca.
Con el tiempo, el nombre pasó de la fuente a la quinta, y de la quinta al barrio. Hoy "Fuente del Berro" designa las tres cosas a la vez: un manantial, un parque y una zona del distrito de Salamanca. Por eso las búsquedas de la calle, del parque y del barrio acaban en el mismo sitio.
Cuatro siglos de propietarios
La historia de la finca se entiende por quién la tuvo en cada momento:
- 1630: Felipe IV compra la que entonces era la Quinta de Miraflores por 32.000 ducados, con la idea de convertirla en sitio real.
- 1640: la cede a unos monjes benedictinos expulsados de Montserrat. La Corona se queda con los derechos del agua.
- 1703: la compra María Trimiño Vázquez de Coronado, que mejora los canales y el riego.
- 1800: Martín Estenoz adquiere la finca, salvo la casa y la fuente, y levanta el muro que la rodea.
- 1900: se abre aquí el parque de atracciones Nuevos Campos Elíseos, que cerró a los dos años.
- Siglo XX: el banquero holandés Corn van Eeghen y su mujer, Nonnie Reineke, construyen el palacete que aún se conserva y organizan en él fiestas muy sonadas. Su yerno, el pintor Antonio Ortiz Echagüe, tuvo el estudio en las antiguas caballerizas.
- 1948: el Ayuntamiento adquiere la finca.
- 1954: se abre al público como parque.
Lo que más sorprende de esa lista es la cantidad de cambios de uso en tan poco terreno: finca real, convento, huerta, parque de atracciones, villa de banqueros y parque municipal. Pocos jardines de Madrid han sido tantas cosas distintas.
Qué ver dentro del parque
No es un parque grande ni pretende serlo, y justo ahí está su encanto. El trazado es paisajista, con praderas, caminos que serpentean, escaleras rústicas de piedra y desniveles que hacen que el agua sea la protagonista: estanques, pequeñas cascadas y fuentes.
- La fuente y el monumento, cerca de la entrada por la calle Enrique D'Almonte: un gran jarrón de piedra que recuerda el origen del lugar.
- El palacete, único resto de la finca original.
- El monumento a Gustavo Adolfo Bécquer, y la estatua de Pushkin, una combinación poco habitual para un parque de barrio.
- Los estanques y la cascada, que dan al paseo un aire más cuidado de lo que se espera.
- Los árboles: cedros, cipreses, plátanos de sombra y, entre los arbustos, boj, aligustres y madroños.
Una curiosidad: en los años setenta, la construcción de la M-30 le quitó parte del terreno y redujo el parque original. Se le añadieron los jardines de Sancho Dávila en 1968, pero lo que se conserva hoy es solo una parte de la quinta que fue.

Por qué casi nadie lo conoce
Hay una explicación sencilla: el Retiro está demasiado cerca en el imaginario de la ciudad, y el que busca un parque grande va directo a él. Un jardín de dimensiones reducidas, rodeado de vías rápidas por uno de sus lados y sin una gran puerta de entrada que lo anuncie, queda fuera del recorrido de quien no vive cerca. Eso explica que lo conozcan sobre todo los vecinos.
También ayuda que no sea un parque de "hacer cosas". No hay un gran lago con barcas ni un monumento que sea el motivo de la visita. Hay un conjunto de pequeñas cosas, el agua, el palacete, un par de estatuas, los árboles, que funcionan mejor si no vas buscando nada concreto.
Un paseo de una hora
El parque no tiene un recorrido fijo, y lo más agradable es no seguir ninguno. Si tienes una hora, una forma razonable de organizarla es empezar por la fuente y el gran jarrón de piedra cerca de la entrada de la calle Enrique D'Almonte, bajar hacia los estanques y la cascada, buscar después el palacete y terminar con los monumentos a Bécquer y a Pushkin. Los desniveles y las escaleras de piedra hacen que el recorrido se sienta más largo de lo que es, así que conviene llevar calzado cómodo.
Si vienes con niños, la zona infantil y las praderas funcionan bien para quedarse un rato. Si vienes a leer o a desconectar, un banco cerca del agua a primera hora, cuando el parque abre y hay poca gente, es una buena opción.
Cuándo ir
Entre semana por la mañana es el momento más tranquilo. Los fines de semana, a media mañana y por la tarde, hay más gente, aunque casi nunca la sensación de masificación de otros parques. En primavera y verano, el horario hasta la medianoche permite ir al caer la tarde, algo que muchos parques no ofrecen. En otoño y en invierno, el parque cierra a las diez de la noche, y con la luz baja los árboles grandes se ven mejor.
Cómo llegar y horario
El parque está en la calle Enrique D'Almonte, 1, en el distrito de Salamanca. El acceso es libre y tiene seis entradas: dos al oeste, tres al norte (por los jardines de Sancho Dávila) y una al sur, por la calle O'Donnell.
- Metro: O'Donnell (línea 6), a unos 500 metros, y Manuel Becerra (líneas 2 y 6), a unos 800.
- Autobús: líneas 15, 28, 71 y N6, con parada a 140 metros.
- BiciMAD: estación 185, a unos 250 metros.
- Horario: del 1 de octubre al 31 de marzo, de 6:30 a 22:00; del 1 de abril al 30 de septiembre, de 6:30 a 24:00.
Es un espacio accesible para personas con movilidad reducida y tiene zonas infantiles, de mayores y deportivas, además de una zona canina. Si vas con perro, tienes la guía de parques para perros en Madrid.
Para quién es este parque
Si buscas un paseo largo, no es tu parque. Si buscas un lugar tranquilo, con sombra y con agua, donde sentarte con un libro a media tarde sin competir con nadie por un banco, sí. Los fines de semana se llena de familias del barrio, pero sin la multitud del Retiro, y entre semana por la mañana es casi privado.
Combina bien con otros planes de la zona. Estás en el distrito de Salamanca, así que tienes cerca la guía del barrio de Salamanca, y si te gustan los jardines con historia, tienes también el Capricho, el estanque del Retiro y la lista de jardines secretos de Madrid.
Preguntas rápidas
¿Hay que pagar para entrar? No, el acceso es libre.
¿A qué hora cierra? Del 1 de octubre al 31 de marzo, a las 22:00; del 1 de abril al 30 de septiembre, a las 24:00. Abre a las 6:30 todo el año.
¿Se puede ir con perro? Sí, hay una zona canina dentro del parque.
¿Tiene zona infantil? Sí, además de zonas de mayores y deportivas.
¿Dónde está exactamente? En la calle Enrique D'Almonte, 1, en el distrito de Salamanca. Si buscas la calle de la Fuente del Berro o alguna instalación municipal con ese nombre, comprueba la dirección antes de salir, porque el nombre se usa para varias cosas en la zona.
Los horarios del parque pueden variar según la época del año; conviene confirmarlos antes de ir.
Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.