Guía del barrio de Salamanca: qué ver y hacer

Guía del barrio de Salamanca: qué ver y hacer

Salamanca es el barrio de Madrid que menos necesita que nadie lo recomiende, y precisamente por eso rara vez se explica bien. Se le conoce por la Milla de Oro, por las boutiques de lujo, por ser sinónimo de dinero y con eso casi todo el mundo se queda, sin entender que detrás de las tiendas hay una de las historias urbanísticas más particulares de la ciudad, y un barrio que en realidad son seis.

Es curioso que un barrio tan fotografiado siga siendo, en el fondo, tan poco entendido. La mayoría de contenido que existe sobre Salamanca se limita a listar marcas de lujo, como si el barrio fuera solo un escaparate. Y lo es, en parte, pero reducirlo a eso es quedarse con la mitad menos interesante de la historia.

Empecemos por ahí, porque nadie te lo cuenta: lo que llamamos «Salamanca» es en realidad un distrito con seis barrios distintos: Recoletos, Goya, Fuente del Berro, Guindalera, Lista y Castellana. La mayoría de gente solo pisa uno o dos de ellos en toda su vida, y se piensa que ha visto el barrio entero.

Un marqués que se arruinó construyéndolo

El nombre viene de José de Salamanca y Mayol, el marqués de Salamanca, que a mediados del siglo XIX decidió que Madrid se estaba quedando pequeño y anticuado y se gastó literalmente su fortuna construyendo un barrio nuevo. Más moderno, más higiénico (con váteres y agua corriente en las casas, algo revolucionario entonces), más europeo. Nunca se recuperó económicamente; murió sin haber visto el retorno de la inversión que había imaginado. Pero la ciudad se quedó con el barrio más próspero que ha tenido nunca, y que sigue siéndolo siglo y medio después, una de esas paradojas de la historia donde el que arriesga todo no es quien acaba cosechando el resultado.

Ese origen explica algo que se nota caminando: las calles están trazadas en cuadrícula, perpendiculares entre sí, nada del trazado caótico y medieval del centro de Madrid. Es el barrio más fácil de recorrer a pie sin perderse de toda la ciudad, y eso no es casualidad. Fue diseñado así, para que las clases acomodadas de la época pudieran moverse con orden, sin los callejones estrechos y sin salida que todavía hoy hacen que cualquiera se pierda en Malasaña o La Latina.

La Milla de Oro, y por qué no hace falta comprar nada ahí

Serrano y Ortega y Gasset son de las calles comerciales más caras de España, a la altura de Paseo de Gracia en Barcelona. Ahí conviven las grandes casas de lujo internacionales con firmas españolas que han ido consolidando presencia en la zona durante años. Casi cada temporada abre algo nuevo, y casi cada temporada algún local histórico cierra para dejar sitio a otra flagship store, en una rotación constante que solo un barrio con este nivel de renta puede sostener. No hace falta tener presupuesto para comprar nada. Pasear la Milla de Oro un sábado por la mañana, con los escaparates cuidados hasta el último detalle, es en sí mismo un plan, aunque no entres a ningún sitio. Yo lo hago de vez en cuando sin ninguna intención de comprar, solo por el gusto de ver cómo cambia el escaparate de temporada.

Más allá de la moda, la calle Goya reúne grandes cadenas más accesibles junto a farmacias y perfumerías de lujo, y las calles Lagasca y Claudio Coello se han especializado en decoración e interiorismo, con tiendas de mobiliario de diseño, boutiques de menaje, el tipo de comercio al que vas cuando ya tienes casa y quieres que se note.

El mercado que todavía huele a barrio

Con tanta tienda de postín, es fácil pensar que Salamanca perdió su carácter de barrio hace tiempo. Entras al Mercado de la Paz y esa sensación se corrige de golpe. Es un mercado tradicional, de los de toda la vida, con puestos de jamón, queso y producto fresco y justo al lado, en Casa Dani, sirven una de las tortillas de patata más reconocidas de Madrid. No exagero: hay gente que hace cola solo por eso. Yendo un poco más allá, en Mantequerías Bravo (Calle de Ayala) encuentras una tienda de ultramarinos que lleva décadas siendo toda una institución, con productos gourmet que no encuentras en ningún supermercado normal.

Este es el Salamanca que casi nadie enseña en las fotos de Instagram del barrio, y para mí es el más interesante de los dos. El lujo se puede ver en cualquier escaparate, pero el mercado de barrio con historia real es lo que distingue un sitio de otro.

Cultura, sin colas de turista

El Museo Arqueológico Nacional, con colecciones que van desde la Prehistoria hasta el siglo XIX, está aquí mismo y rara vez tiene las colas de otros museos más mediáticos de la ciudad - algo que ya comentamos en otro artículo del Journal sobre los mejores museos de Madrid. Si buscas algo más pequeño y menos conocido, hay galerías y proyectos de arte contemporáneo repartidos por el barrio que rara vez salen en ninguna lista turística, pensados más para quien vive cerca que para quien visita una vez.

Lo que tiene de particular la oferta cultural de Salamanca es justo eso: no está pensada para atraer turismo masivo. Funciona casi como un circuito privado, sostenido por quien ya vive en la zona y tiene el hábito de entrar a ver una exposición sin necesidad de que se la recomienden. Se nota en el ambiente de las salas, mucho más silencioso, mucho menos apresurado que en el Triángulo del Arte.

Lo que queda del Madrid que ya no existe

En Guindalera, uno de los seis barrios que forman Salamanca, todavía sobreviven una decena de las llamadas «casas del Madrid Moderno». Construcciones de estética modernista de finales del XIX que en su momento fueron un centenar, y que se fueron derribando durante los años setenta pese a la oposición de parte del vecindario. Verlas hoy, distribuidas entre la calle Castelar y la calle Roma, es un poco como encontrarse restos de una ciudad que decidió, en algún momento, dejar de ser ella misma. Merece la pena buscarlas, aunque sea solo para entender que el barrio no siempre fue lo que es ahora.

Contrasta fuerte con la Torre de Valencia, un edificio de viviendas brutalista que tampoco pasa desapercibido. Dos formas completamente distintas de construir Madrid, separadas por apenas unas calles.

Para respirar, sin salir del barrio

El Parque Quinta de la Fuente del Berro es el rincón verde menos conocido de Salamanca, y probablemente el más agradecido cuando ya llevas un par de horas caminando entre escaparates. No tiene el tamaño ni la fama del Retiro, que queda cerca, pero tiene algo que el Retiro perdió hace tiempo: tranquilidad real, sin las multitudes de fin de semana.

Salamanca no es un barrio que se recorra en una tarde ni que se entienda con una sola visita. Es más bien de los que hay que pisar varias veces, sin prisa, dejando que el lujo evidente de la Milla de Oro conviva con el mercado de siempre y las casas que ya casi nadie recuerda. Esa mezcla, más que cualquier escaparate, es lo que de verdad define el barrio.

La próxima vez que alguien te diga que Salamanca es "solo tiendas caras", puedes rebatirlo con algo simple: llévalo al Mercado de la Paz un sábado a mediodía, pídele que pruebe la tortilla de Casa Dani, y luego que camine diez minutos hasta Guindalera a buscar las casas modernistas que quedan. Después de eso, ya no va a poder resumir el barrio en una sola frase, y esa es, probablemente, la señal de que por fin lo ha entendido de verdad.


Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.