Plaza del Marqués de Salamanca: el corazón simbólico de un barrio entero

Plaza del Marqués de Salamanca: el corazón simbólico de un barrio entero

Hay plazas que dan nombre a un barrio, y luego está la Plaza del Marqués de Salamanca, que hace justo lo contrario: lleva el nombre del hombre que dio origen al barrio entero que la rodea. Situada en la confluencia de las calles Ortega y Gasset y Príncipe de Vergara, es, además, la única plaza propiamente dicha que tiene todo el barrio de Salamanca, algo que sorprende a quien conoce la zona solo por sus calles comerciales.

Es un espacio pequeño si se compara con otras grandes plazas de Madrid, pero su peso simbólico es desproporcionado respecto a su tamaño. Aquí no hay ni catedral ni gran monumento nacional, solo una estatua y un cruce de calles, y aun así, para quien conoce la historia del barrio, este rincón concreto explica mejor que cualquier otro punto de la ciudad cómo llegó a existir todo lo que se extiende a su alrededor.

Un nombre que cambió para evitar confusiones

La plaza se inauguró en 1904 con el nombre de Plaza de Salamanca, sin más apellido. Cuarenta años después, en 1944, el Ayuntamiento decidió ampliar su denominación a Plaza del Marqués de Salamanca, precisamente para evitar que se confundiera con la provincia española del mismo nombre, algo que en la práctica cotidiana llegaba a generar confusión real entre visitantes y correspondencia oficial. Fue un cambio menor sobre el papel, pero que ayudó a fijar con más precisión a quién estaba realmente dedicado este espacio: José de Salamanca y Mayol, el marqués malagueño (1814-1883) cuya fortuna y ambición dieron forma al barrio que hoy conocemos.

Ya contamos con más detalle en la guía del Journal sobre el barrio de Salamanca cómo este financiero se arruinó construyendo la zona más próspera que ha tenido Madrid. La plaza que lleva su nombre es, en cierto modo, el reconocimiento físico de aquella apuesta personal, situada en pleno centro del trazado urbano que él mismo impulsó.

Una estatua que preside el barrio desde hace más de un siglo

En el centro de la plaza se levanta la estatua del marqués de Salamanca, realizada en 1903, apenas un año antes de la inauguración oficial del espacio. La figura, erguida sobre su pedestal, observa el cruce de dos de las calles más representativas del barrio, un emplazamiento que difícilmente podría ser más simbólico: el hombre que soñó con un Madrid más moderno y europeo, vigilando para siempre el trazado en cuadrícula que él mismo diseñó y que hoy sigue siendo el más ordenado de toda la ciudad.

Alrededor de la estatua, la plaza combina zonas ajardinadas con espacio urbano más duro, en un equilibrio que ha ido cambiando con las sucesivas reformas del entorno a lo largo del siglo XX. Fotografías de mediados de siglo muestran una plaza con más arbolado y espacio de paseo del que tiene hoy, un recordatorio de cómo el propio centro de Madrid ha ido adaptando sus espacios verdes a las necesidades cambiantes del tráfico y el urbanismo, sacrificando en ocasiones parte de ese verde original en favor de una circulación más fluida.

El palacio que el marqués construyó para sí mismo

A poca distancia de la plaza, en el Paseo de Recoletos, se encuentra el verdadero monumento personal del marqués: el Palacio del Marqués de Salamanca, que encargó en 1846 al arquitecto Narciso Pascual y Colomer, el mismo que diseñó el Congreso de los Diputados y el trazado definitivo de la Plaza de Oriente. El edificio, inaugurado en 1858, se concibió como un palacio exento de estilo italiano clásico, organizado en torno a un patio central, con arcos de medio punto, columnas y una fachada pensada para impresionar a la sociedad madrileña de la época.

Con jardines propios y una fuente de mármol de Carrara, el palacio funcionó como residencia y como escaparate de la fortuna del marqués, en una zona que entonces todavía se consideraba suburbana, a las afueras del Madrid más consolidado, aunque con perspectivas de crecimiento que el propio marqués supo anticipar mejor que nadie de su época. Declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento en el año 2000, hoy es sede de la Fundación BBVA, que organiza en su interior conciertos y exposiciones abiertas al público, una de las pocas formas de conocer por dentro un edificio que, pese a su relevancia histórica, sigue siendo poco visitado por los propios madrileños, en parte porque su jardín frondoso lo esconde bastante bien desde la calle.

La leyenda que rodea al personaje

Entre las anécdotas que circulan sobre el marqués, sin que exista una confirmación histórica sólida detrás, está la de un edificio que habría mandado incendiar poco después de inaugurarlo, al detectar un fallo en la cimentación, todo para no manchar su reputación como promotor de obras de calidad. Es una historia que se repite en guías y comentarios de viajeros, más como leyenda urbana que como hecho documentado, pero que ayuda a entender la fama de personaje ambicioso y con fuerte sentido de la imagen pública que ha acompañado al marqués hasta nuestros días. Algunos cronistas han llegado a compararlo con el marqués de Pombal en Lisboa, que remodeló la capital portuguesa tras el terremoto de 1755, como forma de subrayar hasta qué punto la huella urbanística de Salamanca en Madrid fue comparable, en escala, a la de otros grandes reformadores urbanos europeos del siglo XIX.

Un cruce rodeado de historia comercial

La plaza no vive aislada de su entorno comercial. A pocos metros, Ortega y Gasset y sus calles adyacentes concentran buena parte de las boutiques de lujo que definen la llamada Milla de Oro, un contraste interesante con el carácter más sobrio y monumental de la propia plaza. Caminar desde la estatua del marqués hacia esas calles comerciales es, en cierto modo, recorrer en pocos minutos la distancia entre el origen histórico del barrio y su versión contemporánea, mucho más orientada al consumo que a la contemplación.

Esta convivencia entre memoria histórica y actividad comercial intensa es habitual en varios puntos del barrio de Salamanca, pero pocas veces se hace tan evidente como en este cruce concreto, donde el pasado y el presente del barrio comparten literalmente la misma esquina.

Cómo visitarla

La plaza se encuentra a poca distancia de la parada de metro Núñez de Balboa, en pleno corazón del barrio de Salamanca, rodeada de algunas de las calles comerciales más reconocidas de la ciudad. Un recorrido con sentido podría empezar aquí, frente a la estatua del marqués, seguir por Ortega y Gasset hacia la Milla de Oro, y desviarse después hacia el Paseo de Recoletos para ver el palacio que el propio marqués se hizo construir, cerrando así el círculo entre el hombre, su barrio y el monumento que hoy lleva su nombre.

Quien prefiera evitar las horas de más tráfico puede aprovechar las primeras horas de la mañana, cuando la plaza recupera parte de la tranquilidad que debía tener a principios del siglo XX, antes de que el tráfico y el ritmo comercial del barrio se apoderaran del entorno casi por completo.

Pocos rincones de Madrid resumen tan bien, en un espacio tan reducido, la historia completa de quien decidió, con su propia fortuna y no poco riesgo personal, cambiar para siempre la fisonomía de una parte entera de la ciudad.

Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28, crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.