Jardín de El Capricho: la joya de Madrid que casi nadie visita

Jardín de El Capricho: la joya de Madrid que casi nadie visita

Hay parques en Madrid que puedes visitar cualquier día de la semana sin pensarlo, algo que ya contamos en la guía de bosques y escapadas cerca de la ciudad, y hay uno, a las puertas de Barajas, que solo abre sábados, domingos y festivos. Esa única restricción explica bastante bien por qué El Capricho, en la Alameda de Osuna, sigue siendo de los jardines históricos menos conocidos de la ciudad a pesar de tener más de doscientos años de historia y un búnker de la Guerra Civil preparado, literalmente, para resistir un ataque con gas.

Esta es la guía completa, con la parte bonita y también con la leyenda que ni el propio parque se cree del todo, porque a veces la historia real es más interesante que la que se ha repetido durante décadas sin comprobar.

Una duquesa adelantada a su tiempo

El jardín nació a finales del siglo XVIII por encargo de María Josefa Pimentel, duquesa de Osuna, una de las mujeres más cultas e influyentes de la aristocracia española de su época, con la colaboración del arquitecto francés Jean-Baptiste Mulot. Sobre más de 14 hectáreas, la duquesa quiso construir algo que no existía en ningún otro punto de Madrid: un jardín que mezclara los tres grandes estilos europeos del momento, el inglés, el francés y el italiano, en un mismo recorrido continuo. No era solo un lugar de paseo, era también escenario de representaciones teatrales y musicales que la propia duquesa organizaba para sus invitados, y por sus senderos pasearon personajes como Francisco de Goya, que llegó a retratar a la propia duquesa en más de una ocasión.

Un jardín pensado para esconder símbolos, no solo flores

Lo que distingue a El Capricho de cualquier otro parque histórico de Madrid es la cantidad de simbología masónica y esotérica repartida por todo el recinto, algo poco habitual en un jardín aristocrático español de la época. El Templete de Baco, dedicado al dios del vino, corona una de las colinas del recinto y se ha convertido en la imagen más reconocible del parque. Cerca de ahí está el Abejero, una pequeña construcción donde la duquesa observaba, tras un cristal, el trabajo diario de las abejas, y la Columna de Saturno, situada en el centro de una plaza formada por seis calles que se abren en abanico. El Laberinto, otro de los elementos centrales, se presenta tradicionalmente como un símbolo del conocimiento y la razón dentro de la civilización occidental, coherente con el gusto ilustrado que dominaba el diseño de todo el jardín, y que convierte cada rincón del recorrido en algo más que un simple elemento decorativo.

No todo en El Capricho es simbología escondida. El Palacio de los Duques de Osuna preside la primera zona ajardinada, de trazado geométrico y estilo neoclásico, y cerca de la salida del recorrido espera la curiosa Casa de la Vieja, con su propio huerto, uno de los rincones más pintorescos y menos fotografiados de todo el parque. Es fácil pasar por delante sin detenerse, porque no tiene la fuerza visual del Templete de Baco ni el aura de misterio de la columna de los duelistas, pero completa el recorrido con una escala mucho más doméstica y cercana que el resto del jardín.

La leyenda de los Duelistas que nadie puede demostrar

Aquí toca hacer justicia a algo que rara vez se cuenta con esta honestidad: la llamada Columna de los Duelistas, uno de los elementos más fotografiados del parque, arrastra una leyenda sobre un duelo a muerte celebrado en ese punto exacto que, según documenta el propio blog especializado del parque, nadie ha podido demostrar nunca con una fuente histórica real. Es, con toda probabilidad, una historia que alguien inventó en algún momento y que se ha ido repitiendo de boca en boca hasta convertirse en un dato que la mayoría de las guías turísticas dan por hecho sin comprobarlo. No es la única leyenda de este tipo asociada a El Capricho, pero sí la que mejor resume un problema habitual en el turismo histórico: cuanto más bonita suena una historia, menos ganas tiene la gente de verificarla antes de repetirla, y menos aún los guías que llevan años contándola tal cual la escucharon la primera vez. Eso no le resta ni un ápice de interés a la columna en sí, que sigue siendo un elemento arquitectónico interesante por derecho propio; simplemente separa lo que se puede documentar de lo que se ha ido inventando por el camino.

El búnker de la Guerra Civil, preparado para un ataque químico

Durante la Guerra Civil, el palacio de El Capricho se convirtió en cuartel general del general José Miaja, defensor del bando republicano en Madrid, y a su lado se construyó un búnker conocido como Posición Jaca, a unos catorce metros bajo tierra, diseñado para resistir bombas de hasta cien toneladas y preparado específicamente frente a un posible ataque con armas químicas. Es, con diferencia, el elemento más inesperado de todo el recinto, un refugio militar de guerra escondido bajo un jardín construido más de un siglo antes para el disfrute estético de la aristocracia, dos capas de historia completamente distintas superpuestas en el mismo terreno. Se puede visitar mediante reserva, dentro de las visitas guiadas que organiza periódicamente el Ayuntamiento de Madrid, aunque el acceso no está incluido en el paseo libre por el jardín, así que quien quiera bajar hasta el búnker tiene que planificarlo con antelación.

Cómo y cuándo visitarlo de verdad

El parque solo abre sábados, domingos y festivos, con horario de 9:00 a 21:00 entre abril y septiembre, y de 9:00 a 18:30 el resto del año. La entrada es gratuita, y se puede recorrer por libre o apuntarse a una visita guiada, ya sea de pago a través de operadores turísticos como Civitatis o Carpetania, o a las visitas gratuitas que organiza el propio Ayuntamiento, en las que el guía trabaja a cambio de la voluntad que cada participante decida entregar al final. Para llegar, la parada de metro El Capricho, en la línea 5, deja a unos diez minutos a pie de la entrada, y varias líneas de autobús EMT (101, 105 y 151) también paran cerca. Si vas por tu cuenta, sin reserva previa de visita guiada, calcula al menos hora y media para recorrer el jardín con calma, más si quieres detenerte a leer los paneles informativos que hay repartidos por el recorrido.

Un jardín ilustrado que sobrevivió a la ruina de sus dueños, a los daños de una guerra, y a décadas de abandono antes de que el Ayuntamiento lo rescatara en los años setenta, y que hoy sigue exigiendo que planifiques bien qué día vas, porque no vale cualquiera. Esa exigencia, lejos de ser un defecto, es probablemente la razón por la que sigue conservando la sensación de secreto que la mayoría de los parques históricos de Madrid ya perdieron hace tiempo, entre gente que va con prisa y guías que repiten leyendas sin comprobar si son ciertas.

Los horarios y condiciones de visita de este artículo corresponden a mediados de 2026 y pueden cambiar; conviene confirmar antes de ir, sobre todo si el plan depende de la visita guiada al búnker.

Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.