Guía de Vallecas: historia, el origen de la "K" y el orgullo de un distrito mítico

Guía de Vallecas: historia, el origen de la "K" y el orgullo de un distrito mítico

Pocos topónimos de Madrid arrastran una identidad tan marcada como Vallecas, hasta el punto de que sus propios vecinos han convertido una falta de ortografía deliberada, "Vallekas con K", en símbolo de orgullo de barrio. Lo que mucha gente no sabe es que aquella identidad tan fuerte viene, en parte, de haber sido un municipio completamente independiente de Madrid durante siglos, hasta bien entrada la posguerra, con su propio ayuntamiento y su propia forma de entender la ciudad.

Esta es la historia real de Vallecas, desde su primera mención escrita en 1202 hasta la división administrativa que hoy lo reparte en dos distritos distintos, cada uno con un carácter completamente propio.

Un nombre con dos leyendas y un documento real

La primera vez que aparece escrito el nombre de Vallecas es en 1202, bajo la forma de "Balecas", en el Fuero de Madrid, aunque entonces no se refería a ninguna villa, sino a un carrascal adehesado cuyos rendimientos se destinaban al mantenimiento de la muralla de la ciudad. Sobre el origen exacto del nombre circulan dos teorías populares: una habla de un musulmán llamado Kas que se asentó en el valle y pastoreaba ganado allí, dando lugar a "Valle de Kas"; otra apunta a un origen latino, "Valli Egas". El núcleo de población propiamente dicho no se consolidó hasta finales del siglo XIV y el XV, en torno a antiguas alquerías y al cerro de Almodóvar, mucho antes de que nadie imaginara que aquel valle terminaría formando parte de una gran capital.

Un municipio independiente hasta la posguerra

Durante siglos, Vallecas mantuvo su condición de municipio propio, separado de Madrid, hasta que en 1950 se integró definitivamente en la capital como consecuencia del crecimiento urbano de la posguerra. Hoy, aquel antiguo municipio único queda repartido entre dos distritos con personalidades bien diferenciadas: Villa de Vallecas, que conservó un carácter más rural, y Puente de Vallecas, que se transformó en un espacio urbano cada vez más denso y con mayor actividad económica, el que la mayoría de la gente tiene en mente cuando habla simplemente de "Vallecas", aunque técnicamente sean dos distritos administrativos completamente distintos con sus propias juntas municipales.

El puente que le dio nombre y los merenderos que lo precedieron

Antes de convertirse en barrio, la zona del Puente de Vallecas era, según un cronista del siglo XVIII, un cruce peligroso: "el camino de Madrid a Vallecas es pésimo en tiempos lluviosos, y el arroyo que lo atraviesa, llamado del Abroñigal, peligrosísimo cuando crecen las aguas", con un puente en tan mal estado que había provocado más de una desgracia entre quienes intentaban vadearlo. Aquella zona, en sus años previos a la industrialización, estaba llena de merenderos y tiovivos, un lugar donde los madrileños acudían a refrescarse con la brisa que bajaba por el arroyo, hoy completamente canalizado y entubado bajo la M-30, sin que quede a la vista ni rastro de aquel paisaje de ocio dominical que un día tuvo esta misma zona.

La llegada masiva de trabajadores y el nacimiento del barrio obrero

A finales del siglo XIX, campesinos de Castilla-La Mancha empezaron a llegar a Madrid buscando trabajo en las industrias y en las obras del ensanche y del ferrocarril, asentándose junto al arroyo del Abroñigal. Nació así el barrio que se llamó oficialmente Nueva Numancia, aunque todo el mundo lo conocía, desde el primer momento, simplemente como Puente de Vallecas, un ejemplo temprano de cómo el nombre popular termina imponiéndose sobre el oficial en el habla cotidiana de una ciudad. La llegada de la primera línea del metro de Madrid, en 1919, acortó las distancias con el centro y aceleró todavía más el crecimiento de aquel suburbio obrero, que en pocas décadas pasó de ser un puñado de casas dispersas a un barrio densamente poblado, con miles de familias buscando trabajo y vivienda en el mismo terreno donde décadas antes solo había merenderos y ganado.

Amós Acero, un alcalde que se convirtió en símbolo

Entre las figuras que Vallecas recuerda con más orgullo está Amós Acero, alcalde durante la Segunda República, conocido por su compromiso con los derechos de la clase trabajadora. Fue ejecutado durante la dictadura franquista, y hoy sigue siendo homenajeado en el barrio como símbolo de dignidad y resistencia, una memoria que se mantiene viva especialmente entre las generaciones que vivieron de cerca aquellos años, transmitida de padres a hijos como parte esencial de la identidad colectiva del barrio.

Vallekas con K, el orgullo escrito con una falta

El lema "Vallekas con K" resume mejor que cualquier explicación larga el espíritu del barrio: una forma deliberada de escribir mal el nombre, adoptada con orgullo como seña de identidad frente al resto de Madrid, y como afirmación del carácter independiente y trabajador de sus vecinos. Las Fiestas de San Juan, celebradas cada año, siguen siendo una de las expresiones más vivas de ese espíritu colectivo, con una participación vecinal que pocos barrios de la capital pueden igualar, llenando calles y plazas durante varios días consecutivos de música, verbena y encuentro entre generaciones.

Un barrio que sigue cambiando, no siempre sin fricción

El proceso de transformación de Puente de Vallecas, similar en algunos aspectos al que ya vivieron distritos como Carabanchel o Usera, avanza hoy entre profundos cambios sociales y urbanísticos, con parte del tejido más antiguo del barrio conviviendo con procesos de mejora que no siempre llegan por igual a todas sus calles. Estudios académicos recientes describen esta situación como un proceso de transición todavía a medio camino, donde las herencias del viejo barrio obrero conviven con transformaciones que, según el punto de vista de quien las analice, se acercan más a la mejora necesaria o a la elitización de un espacio históricamente popular.

Un municipio independiente durante siglos, convertido después en dos distritos con caracteres opuestos, y un lema escrito con una falta de ortografía que se ha ganado a pulso el respeto de toda la ciudad. Pocos barrios de Madrid han convertido su propia historia de resistencia en una identidad tan reconocible fuera de sus propias calles, ni han conseguido que ese orgullo se transmita con tanta naturalidad de una generación a la siguiente.

Entrevías, la otra cara del mismo distrito

Dentro del propio Puente de Vallecas, el barrio de Entrevías tiene su propia historia particular, conocido en sus primeros años simplemente como "el Barrio de Mesa" o barrio obrero, con vecinos organizándose ya desde 1910 para escolarizar a los niños de la zona, ante la incapacidad del entonces Ayuntamiento de Vallecas de levantar nuevas escuelas por sus propios medios. Esa tradición de organización vecinal, nacida de la necesidad más que de ninguna teoría, sigue siendo hoy una de las señas de identidad más repetidas cuando se habla del carácter combativo de todo el distrito, mucho más allá de la propia Entrevías, y que muchos vecinos de otras zonas de Madrid reconocen y respetan incluso sin haber vivido nunca en el barrio.

Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.