Carabanchel lleva años apareciendo en listas de barrios de moda, algo que sorprende a más de un vecino que llevaba toda la vida viendo el distrito como zona obrera de la periferia, sin ningún interés turístico especial. En octubre de 2023, una lista internacional lo situó en tercer puesto entre los barrios más cool del mundo, una noticia que muchos carabancheleros de toda la vida recibieron con extrañeza. El cambio, sin embargo, lleva gestándose desde hace más de una década, y tiene raíces mucho más profundas de lo que parece a simple vista.
De dos pueblos independientes a distrito de Madrid
Carabanchel nació como dos núcleos rurales separados, Carabanchel Alto y Carabanchel Bajo, situados al sur del río Manzanares. Según crónicas del siglo XVIII, en 1575 Carabanchel de Abajo tenía apenas 250 vecinos, y Carabanchel de Arriba unos 200, la mayoría hortelanos y jornaleros. Los dos pueblos no se incorporaron al municipio de Madrid hasta el 29 de abril de 1948, momento en que perdieron su independencia administrativa para convertirse en distrito de la capital.
Hoy Carabanchel es, con diferencia, el distrito más poblado de todo Madrid, con más de 255.000 habitantes según el padrón de 2019, una cifra que multiplica varias veces la de aquellos dos pueblos agrícolas de hace cuatro siglos. Está organizado en siete barrios: Comillas, Opañel, San Isidro, Vista Alegre, Puerta Bonita, Buenavista y Abrantes, cada uno con su propio carácter dentro del conjunto.
De quintas aristocráticas a fábricas obreras
Durante el siglo XVIII, los pueblos de Carabanchel se convirtieron en lugar favorito de la burguesía y la aristocracia madrileña para construir sus quintas de recreo. La Finca de Vista Alegre, hoy Bien de Interés Cultural en la categoría de Jardín Histórico, es uno de los ejemplos más destacados de este tipo de residencia de descanso en toda España, siguiendo modelos paisajísticos italianos y franceses. Fue, entre otras cosas, lugar de veraneo de la reina María Cristina de Borbón.
El siglo XIX trajo un giro radical: el auge de la actividad industrial llenó la zona de fábricas de curtidos, jabón, pólvora, ladrillo y licores, con movimientos obreros reivindicativos como el de La Fosforera. Esa mezcla de quintas de recreo y fábricas conviviendo en el mismo territorio, de élites y jornaleros compartiendo un paisaje en plena transformación, es parte de lo que los propios programas culturales de la Comunidad de Madrid han descrito como el hilo conductor de la historia del distrito. La Guerra Civil golpeó con especial dureza esta zona, con trincheras situadas en torno a la antigua plaza de toros, y cambió de forma notable el paisaje urbano que había hasta entonces.
Un barrio modernista construido por periodistas
Uno de los secretos mejor guardados de Carabanchel es la Colonia de la Prensa, un conjunto residencial de estilo modernista y art-déco construido entre 1913 y 1916 por el arquitecto Felipe Mario López Blanco. La impulsó la Asociación Benéfica-Cooperativa de Construcción de Viviendas Baratas, fundada por el colectivo de periodistas y escritores "Los Cincuenta", al amparo de la Ley de Casas Baratas de 1911. El resultado fueron 42 chalés, conocidos como "hotelitos", organizados en torno a una plaza circular, revestidos de ladrillo, cerámica, rejería y torreones modernistas, cada uno con su propio jardín. La Guerra Civil dañó varios de ellos, reduciendo algunos a escombros, pero buena parte del conjunto original se conserva todavía hoy, accesible desde la calle Eugenia de Montijo.
De polígono industrial a "Soho madrileño"
El cambio más comentado de los últimos años tiene su epicentro en el antiguo polígono industrial ISO, llamado así por la fábrica de vehículos de tres ruedas (isocarros) que allí funcionaba. Talleres textiles, imprentas y cooperativas dentales que durante décadas ocuparon esas naves han ido dejando paso a estudios de artistas, atraídos por espacios amplios y alquileres más bajos que en el centro de la ciudad. Hoy se calcula que más de 130 artistas trabajan repartidos en unos 40 estudios, talleres de artesanía y espacios creativos, lo que ha llevado a que muchos medios y guías empiecen a llamar a Carabanchel el "Soho madrileño".
Galerías como Veta Galería, considerada la de arte contemporáneo más grande de Madrid, Benveniste Contemporary en el barrio de San Isidro, o Sabrina Amrani, conviven con espacios más pequeños y recientes como 95 Art Gallery, fundada en 2020, que se ha especializado en arte urbano entendido como movimiento artístico propio.
Un museo al aire libre de murales
El arte urbano se ha convertido en parte del paisaje cotidiano de Carabanchel, con intervenciones que aparecen en fachadas y muros sin previo aviso, muchas veces con un fuerte componente de crítica social. Ze Carrión, artista criado en el barrio, firma piezas reconocibles por sus trazos potentes, como el mural de la calle de la Avecilla que cuestiona el acceso de menores a las armas en Estados Unidos. Otras piezas destacadas incluyen "La Chulapa" de Jorge Rodríguez Gerada, obras de Abraham Lacalle y Santiago Ydáñez, y "Pixelata", una intervención de Pilar Balsalobre y Carlos Jiménez realizada con 3.000 latas recicladas.
Un edificio que resume bien el carácter creativo del distrito es Carabanchel 17, una estructura colorida que recuerda a contenedores de transporte apilados, diseñada por el estudio ACM arquitectos tras ganar un concurso convocado por el Ayuntamiento de Madrid en 2009.
De plaza de toros a recinto multiusos
El antiguo coso taurino del distrito es hoy el Palacio Vistalegre, un recinto cubierto y climatizado con capacidad para más de 13.000 personas que alberga conciertos, competiciones deportivas y todo tipo de eventos, una de las reconversiones más visibles del patrimonio histórico del distrito hacia usos completamente distintos a los originales.
Parques, ermitas y un enrejado con historia
El Parque de San Isidro, con amplias praderas, carril bici y sendas botánicas, funciona como pulmón verde del distrito y escenario de las populares Fiestas de San Isidro. Cerca se encuentran la Ermita de San Isidro, su cementerio, y el paseo de Madrid Río. Los yacimientos hallados en el Cerro de San Isidro, en las inmediaciones de la ermita, remontan los primeros asentamientos de la zona a las orillas del Manzanares, muy anteriores a cualquier presencia romana en la región.
En Puerta Bonita, uno de los siete barrios del distrito, hay un enrejado histórico que merece atención al pasar: aunque la pieza original data de otra época y fue lugar de encuentro de María Cristina de Borbón con su amante Fernando Muñoz, tuvo que restaurarse en 2005 tras la colisión de un camión de reparto, así que lo que se ve hoy no es exactamente el original.
Cómo recorrer el distrito
Con siete barrios y una superficie considerable, Carabanchel no se agota en una sola visita. Un primer acercamiento razonable podría combinar una galería como 95 Art Gallery para entender el momento creativo actual, un paseo por la Colonia de la Prensa para ver la arquitectura modernista, y una vuelta por el Parque de San Isidro para cerrar el día con algo de verde. La Comunidad de Madrid organiza además, en distintas épocas del año, recorridos guiados gratuitos centrados en la historia del distrito, una opción a tener en cuenta para quien prefiera una visita con contexto antes de aventurarse por su cuenta.
Carabanchel no se parece a ningún otro distrito de Madrid, y esa es, probablemente, su mayor virtud: ni tan castizo como para quedarse solo en el pasado, ni tan reciente en su transformación como para haber perdido del todo la memoria de los dos pueblos que le dieron origen. Quien lo visite con esa doble mirada, atenta tanto a lo que fue como a lo que está siendo ahora mismo, se lleva la versión más completa de un distrito que todavía sigue redefiniéndose a sí mismo.
Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28, crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.