Pocas ironías urbanísticas son tan claras como la de El Viso, el barrio más rico de toda España. Se construyó en los años treinta bajo el amparo de la Ley de Casas Económicas de 1925, pensado específicamente como vivienda asequible para gente de pocos recursos. Casi un siglo después, es el barrio con la renta per cápita más alta del país, por delante incluso del vecino Salamanca, un giro que ningún promotor de aquella época podría haber previsto al firmar los primeros planos.
Esta es la historia del distrito de Chamartín, del pueblo medieval que fue hasta el rascacielos inclinado que hoy define su horizonte, pasando por vías de tren que durante décadas partieron el propio distrito en dos.
De aldea ligada a los Duques de Pastrana a distrito de Madrid
Antes de ser distrito, Chamartín fue un pueblo independiente llamado Chamartín de la Rosa, situado al norte de la capital y perteneciente en su mayor parte a los Duques de Pastrana-Infantado, una familia noble que dejó su huella en buena parte del territorio que hoy ocupa el distrito. En su palacio se alojó nada menos que Napoleón Bonaparte durante su viaje a Madrid con motivo de la Guerra de la Independencia, el mismo conflicto que arrancó en las calles de la capital tras el levantamiento del 2 de mayo de 1808, un episodio que sitúa a este pueblo entonces alejado de la capital en el centro mismo de uno de los momentos más decisivos de la historia española. En 1880, los propios duques donaron sus terrenos y la llamada Quinta del Recuerdo a la Compañía de Jesús, dando origen al colegio conocido popularmente como los Jesuitas de Chamartín, uno de los centros escolares más influyentes de todo Madrid durante el siglo XX. El pueblo se anexionó definitivamente a la capital el 5 de junio de 1948, como consecuencia de la expansión urbana de la posguerra, cerrando así siglos de vida como núcleo independiente.
El Viso, de vivienda barata a barrio más rico del país
La colonia de El Viso, construida a partir de 1933 por el arquitecto Rafael Bergamín con la colaboración de Luis Felipe Vivanco, es uno de los ejemplos más destacados del racionalismo arquitectónico madrileño, con casas unifamiliares de líneas depuradas que en su día habitaron intelectuales de la época, atraídos precisamente por ese carácter moderno y despojado de ornamentación clásica. El proyecto iba a llamarse originalmente "Altos del Hipódromo", en referencia al cercano Hipódromo de la Castellana, hoy ocupado por los Nuevos Ministerios, uno de los grandes intercambiadores de metro de toda la ciudad. Décadas después de aquel origen pensado para rentas modestas, El Viso se ha convertido en el barrio con mayor renta per cápita de toda España, una transformación que pocos de sus promotores originales habrían imaginado posible cuando defendían el proyecto ante las autoridades de la época como vivienda social.
Seis barrios, del jardín obrero al rascacielos inclinado
El distrito se divide en El Viso, Prosperidad, Ciudad Jardín, Hispanoamérica, Nueva España y Castilla, con casi 146.000 habitantes en total. Prosperidad creció a partir de mediados del siglo XIX en torno al antiguo camino de Madrid a Hortaleza, hoy calle López de Hoyos, con trabajadores llegados desde zonas rurales atraídos por la industria madrileña, en un proceso de crecimiento obrero parecido al que ya vimos en el vecino Tetuán, con el que Chamartín comparte no solo frontera geográfica sino también parte de esa misma historia de crecimiento a base de inmigración interior. Dentro de Ciudad Jardín, la colonia de San Cristóbal, diseñada por el célebre arquitecto Secundino Zuazo, se levantó en los años cuarenta para alojar a los tranviarios de la Empresa Municipal de Transportes, otra muestra de vivienda obrera planificada que hoy convive con un entorno mucho más elevado en precio, en la misma lógica de contraste que ya define a todo el distrito.
Los famosos vecinos de Nueva España
El barrio de Nueva España destaca por la concentración y calidad de sus colegios, mayoritariamente privados, y por un nivel de renta notablemente alto, en la línea de lo que ya ocurre en el propio El Viso. Entre sus vecinos, presentes y pasados, figuran nombres como Florentino Pérez, presidente del Real Madrid Club de Fútbol, y la poeta Gloria Fuertes, dos perfiles bastante distintos que comparten, sin embargo, el mismo código postal, prueba de que este rincón de Madrid ha sabido atraer tanto al mundo del deporte de élite como al de la literatura popular a lo largo de las décadas.
El rascacielos inclinado que cambió el horizonte del norte
En la Plaza de Castilla se levantan las Torres Puerta de Europa, conocidas popularmente todavía hoy por su nombre anterior, Torres KIO, los primeros rascacielos inclinados que se construyeron en toda Europa, un hito de ingeniería que en su momento generó tanto admiración como escepticismo entre quienes dudaban de su estabilidad estructural. Muy cerca, el distrito colinda con el complejo de oficinas AZCA, ya dentro del vecino distrito de Tetuán, y con el más reciente conjunto de Cuatro Torres Business Area, formando entre los tres un skyline que ha terminado definiendo la imagen contemporánea del norte de Madrid, muy alejada de la que tenía el distrito hace apenas un siglo, cuando todavía era un pueblo rodeado de huertas y fincas de recreo.
Una estación que conecta y también separa
La Estación de Chamartín, con 21 vías, es una de las más concurridas de toda España, dando servicio a buena parte del norte del país y a algunas rutas del sur. Su construcción, paradójicamente, modernizó la zona pero también aisló durante décadas a los barrios situados a ambos lados de las vías, una tensión urbanística que el proyecto Madrid Nuevo Norte pretende resolver en los próximos años, reconectando ambos lados de un trazado ferroviario que durante mucho tiempo funcionó casi como una frontera interna dentro del propio distrito, separando vecinos que en teoría comparten el mismo código postal pero que en la práctica llevan décadas viviendo dos realidades urbanas distintas.
Un pueblo ligado a la nobleza que alojó a Napoleón, un barrio pensado para rentas modestas que hoy es el más rico de España, y un rascacielos inclinado que cambió para siempre el perfil del norte de la ciudad. Pocos distritos de Madrid concentran tantas contradicciones económicas y urbanísticas en un espacio tan reducido, ni las llevan con tanta naturalidad.
Un distrito de contrastes que convive sin demasiado ruido
Lo curioso de Chamartín es que estas contradicciones rara vez generan tensión visible en el día a día. Las mismas calles que separan la vivienda obrera planificada de Ciudad Jardín del lujo discreto de El Viso conviven sin apenas fricción aparente, cada barrio siguiendo su propio ritmo sin necesidad de justificarse ante el vecino. Esa capacidad de sostener realidades económicas tan distintas dentro de un mismo distrito, sin que ninguna termine imponiéndose del todo sobre las demás, es probablemente lo que mejor explica por qué Chamartín sigue siendo, pese a su fama de zona cara y empresarial, un distrito bastante más complejo de lo que sugiere a simple vista.
Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.