Historia de Tetuán, Madrid: origen del nombre, desarrollo y curiosidades

Historia de Tetuán, Madrid: origen del nombre, desarrollo y curiosidades

Tetuán no debe su nombre a ningún personaje ni a ninguna batalla librada en Madrid. Lo debe a una ciudad marroquí, a miles de kilómetros de aquí, tomada por el Ejército español en 1860. Lo curioso es que el propio campamento militar que dio origen al barrio nunca estuvo pensado para quedarse: iba a ser algo provisional, mientras las tropas esperaban su entrada oficial en la capital, y sin embargo aquel vivac terminó echando raíces mucho más profundas de las que nadie esperaba en su momento.

Esta es la historia de cómo un vivac de soldados victoriosos terminó convirtiéndose en uno de los distritos más heterogéneos y en plena transformación de todo Madrid, con rascacielos y casas de pueblo conviviendo a pocas calles de distancia.

De la Guerra de África a la Dehesa de Amaniel

En 1860, tras la victoria española en la Guerra de África, un conflicto librado entre España y Marruecos entre 1859 y 1860 bajo el reinado de Isabel II, las tropas al mando del general O'Donnell, con Prim, Echagüe y Rosa de Olano entre sus jefes militares, regresaron a Madrid y acamparon en la desaparecida Dehesa de Amaniel, actual Dehesa de la Villa, junto a la antigua Carretera de Francia. La noticia de la victoria en la batalla de Wad-Ras se había celebrado ya en la capital con grandes festejos, y aquel campamento, pensado como algo temporal, terminó consolidándose como asentamiento permanente, en un proceso que se repitió de forma muy parecida en otros puntos de la ciudad tras campañas militares similares.

Alrededor de aquel vivac se fueron instalando comerciantes, y nació el barrio que hasta hoy se conoce, de forma extraoficial, como Tetuán de las Victorias, en recuerdo de la ciudad marroquí de la que regresaban los soldados. La calle principal de aquel primer asentamiento se llamó O'Donnell, en honor al general victorioso; hoy ese tramo forma parte de la calle Bravo Murillo, la auténtica columna vertebral del distrito, la misma que décadas después seguiría marcando el eje comercial y vital de todo el barrio hasta nuestros días.

Un barrio obrero de traperos y albañiles

Desde sus primeros años, Tetuán de las Victorias fue un barrio marcadamente obrero, habitado por traperos, albañiles y cazadores furtivos que encontraban en aquel terreno, entonces a las afueras de la ciudad, un lugar donde instalarse sin las restricciones del Madrid amurallado. Perteneció durante décadas al antiguo municipio de Chamartín de la Rosa, y su crecimiento, entre finales del siglo XIX y principios del XX, fue imparable gracias a la llegada constante de inmigrantes españoles de distintas provincias que buscaban trabajo y no encontraban sitio dentro de la capital. Todavía hoy se conservan algunas viviendas de estilo neomudéjar, últimos testigos de aquel barrio original, cada vez más escasos entre las construcciones más recientes que han ido ocupando su lugar a lo largo de las últimas décadas.

El metro que cambió el barrio para siempre

A principios del siglo XX, la llegada del metro supuso un progreso decisivo tanto para Tetuán como para el vecino Cuatro Caminos. La primera línea del metro de Madrid, inaugurada en 1919, tuvo precisamente en Cuatro Caminos una de sus cabeceras originales, y su extensión alcanzó de lleno la zona de Tetuán hacia 1929, acelerando la incorporación definitiva del barrio a la trama urbana de la ciudad, hasta entonces bastante desconectada del centro pese a su cercanía geográfica. A mediados del siglo XX, Tetuán se integró oficialmente en Madrid, primero junto a Chamartín en 1948, y más tarde, en 1955, como distrito independiente con entidad propia, cerrando así casi un siglo de historia como núcleo separado de la capital.

Seis barrios y un contraste arquitectónico muy marcado

El distrito de Tetuán se divide administrativamente en seis barrios: Bellas Vistas, Cuatro Caminos, Castillejos, Almenara, Valdeacederas y Berruguete, articulados en torno a la avenida de Bravo Murillo. Pocos distritos de Madrid combinan tanta variedad arquitectónica y social en tan poco espacio: hacia el este, junto a Raimundo Fernández Villaverde, se levanta el complejo AZCA, centro financiero de la ciudad con algunos de sus rascacielos más reconocibles, mientras que hacia el oeste del distrito todavía sobreviven pequeñas casas de tipología rural o semirrural, herencia directa de los orígenes más humildes del barrio, apenas a diez o quince minutos a pie de esos mismos edificios de cristal y acero.

Cuatro Caminos, por su parte, se ha consolidado como uno de los grandes nudos de comunicación de toda la ciudad, punto de confluencia de varias líneas de metro y de las principales líneas de autobús que conectan con los barrios dormitorio de la periferia norte, entre ellos Peñagrande, Barrio del Pilar o Mirasierra, un papel de intercambiador que cumple a diario para miles de personas que ni siquiera viven en el propio distrito de Tetuán.

Un barrio que ha vuelto a reinventarse

En las últimas dos décadas, Tetuán ha vivido una transformación notable, atrayendo cada vez más interés inmobiliario y una mejora sostenida de sus espacios públicos y equipamientos deportivos, en un proceso que recuerda, salvando las distancias, al que ya vivió el cercano Usera en su propio camino de barrio obrero a zona de referencia. Ese interés creciente convive todavía con alquileres más asequibles que en buena parte del centro, una de las razones que explica por qué cada vez más gente lo tiene en su lista de barrios a considerar antes de mudarse a Madrid, buscando precisamente ese equilibrio entre precio y cercanía que cada vez cuesta más encontrar en otras zonas más céntricas. Como suele ocurrir con distritos que arrastran fama de barrio complicado, Tetuán ha sufrido en ocasiones una cobertura mediática que exagera sucesos puntuales, similares a los que podrían darse en cualquier otra zona de Madrid, y que poco tienen que ver con la vida diaria de la mayoría de sus vecinos.

Patrimonio disperso, sin necesidad de un solo monumento estrella

A diferencia de otros distritos con un monumento claramente identificable, el patrimonio de Tetuán está repartido por todo su territorio: la parroquia de San Francisco de Sales, el Colegio Jaime Vera, y un notable patrimonio escultórico esparcido por plazas y calles, sin un único punto que concentre toda la atención turística. Esa dispersión explica en parte por qué Tetuán sigue siendo, para buena parte de Madrid, un distrito que se conoce de paso, camino de Cuatro Caminos o de la Castellana, más que un destino en sí mismo, algo que probablemente irá cambiando a medida que más gente descubra lo que realmente esconde entre sus calles menos transitadas.

Un distrito nacido de un campamento militar que iba a ser provisional, bautizado con el nombre de una ciudad a la que ninguno de sus vecinos actuales ha tenido nunca que viajar para vivir aquí. Pocos rincones de Madrid resumen tan bien cómo un asentamiento pensado para durar unas semanas terminó convirtiéndose, siglo y medio después, en uno de los distritos con más vida y contraste de toda la capital, todavía cambiando de piel sin haber perdido del todo la memoria del barrio obrero que fue en sus primeros años, cuando ni siquiera formaba parte oficial de la ciudad que hoy lo acoge.

Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro. Foto: Luis García (Zaqarbal).