El Madrid de Ava Gardner: la ruta por sus lugares favoritos

El Madrid de Ava Gardner: la ruta por sus lugares favoritos

Todo un icono del Hollywood de su época, Ava Gardner fue la gran estrella de los años 50, protagonista de películas como Mogambo, The Killers o Bhowani Junction. En 1955 se trasladó a un Madrid que, en plena dictadura, se negaba a perder su pasión y su libertad — y que hoy todavía conserva buena parte de los escenarios por los que ella pasó.

1955. España empieza a dejar atrás los años más duros de la posguerra para asentarse en la dictadura de Francisco Franco. El régimen controla la vida política, la prensa, la educación y la cultura, mientras los partidos políticos, los sindicatos independientes y cualquier forma de oposición permanecen prohibidos. La censura determina qué libros se publican, qué películas llegan a las salas y qué comportamientos son aceptables en una sociedad dominada por la moral católica.

Ha sido más de una década de autarquía, pero el franquismo comienza a recuperar la presencia internacional de una España que ya no volverá a ser igual. Hace un par de años que se firmó el Concordato con la Santa Sede, y el ingreso de España en la ONU a finales de año confirmará su aceptación en un bloque occidental liderado por Estados Unidos, política, militar, económica y culturalmente, frente al avance de la URSS.

El centro de Madrid ofrecía, sin embargo, una imagen más dinámica y cosmopolita. La Gran Vía concentraba cines, teatros, hoteles y salas de espectáculos; la Puerta del Sol seguía siendo el gran punto de encuentro de la ciudad, y los cafés, restaurantes y locales nocturnos reunían a periodistas, escritores, artistas, toreros, diplomáticos y visitantes extranjeros. Los lugares de moda mostraban una vida urbana sofisticada que contrastaba con la austeridad y la pobreza presentes en amplias zonas de la capital. Bajo la vigilancia de la censura y la policía, Madrid mantenía una intensa actividad cultural y nocturna. Era una ciudad autoritaria y desigual, pero también vital, hospitalaria y en plena transformación, situada entre las heridas todavía visibles de la posguerra y los primeros signos de modernización que cambiarían España durante la década siguiente. Oleadas de personas emigraban desde todos los rincones a un Madrid que las acogía con los pocos recursos de los que disponía, para labrarse un futuro tras veinte años de guerra y pobreza, marcando en la identidad de la ciudad uno de sus mayores principios: Madrid te acoge, porque a todos nos tuvo que acoger en algún momento.

En ese contexto, Ava Gardner se había enamorado de España filmando Pandora y el Holandés Errante a finales de los años 40, y en 1955, durante su tormentoso matrimonio con Frank Sinatra, decide instalarse permanentemente en ese Madrid pujante y contradictorio. Entre sus numerosas residencias estuvieron el Hotel Castellana Hilton (hoy Hotel InterContinental), un par de pisos en la calle Oquendo y el Chalet de la Bruja en La Moraleja, aunque, sin duda, su principal residencia estuvo en el dúplex de la calle Doctor Arce, 11, en El Viso, donde fue vecina del general Perón.

Sin duda, Ava revolucionaría con sus fiestas y escándalos —como su romance con el torero Luis Miguel Dominguín— aquella aristocracia madrileña, acostumbrada al orden y la disciplina del régimen, como nos cuentan Paco León y Anna R. Costa en la miniserie Arde Madrid. Te invitamos a verla o, si eres más de libros, a leer su biografía Beberse la vida. Ava Gardner en España, de Marcos Ordóñez, antes de recorrer los mejores sitios que frecuentó una de las mujeres más increíbles de su tiempo.

Lo cierto es que nadie disfrutaba de Madrid como lo hizo Ava Gardner y, aunque aquellos años ya quedaron atrás, hoy todavía puedes seguir su ruta y disfrutar de muchos de los sitios que, para ella y para la jet set de la época, eran paradas imprescindibles.

Ava Gardner en Madrid

Museo Chicote (Gran Vía, 12)

Pocos establecimientos están tan ligados a la noche madrileña del siglo XX como el Museo Chicote. Inaugurado en 1931 por el célebre barman Perico Chicote, fue una de las primeras grandes coctelerías de Madrid y pronto se convirtió en punto de encuentro de actores, escritores, toreros, periodistas... Llevaba el nombre de museo por la colección de botellas que reunió su fundador, formada por miles de piezas llegadas de todo el mundo. Situado en plena Gran Vía, durante los años 40, 50 y 60 fue uno de los pocos lugares de la capital donde podía respirarse cierto aire cosmopolita en medio de la rígida sociedad franquista.

Ava Gardner fue una de sus clientas más famosas. Durante sus años madrileños, Chicote era su parada habitual en sus noches y el lugar donde podía encontrarse con la sociedad madrileña. Sin embargo, Ava no siempre disfrutaba de la atención que despertaba: la aglomeración de admiradores y las peticiones de autógrafos podían resultar incómodas para ella. Aun así, ningún recorrido por su Madrid estaría completo sin Chicote. El establecimiento continúa abierto en Gran Vía, 12, conservando su carácter de coctelería histórica y buena parte de la memoria de aquellas noches.

Villa Rosa (Plaza de Santa Ana, 15)

El antiguo Villa Rosa es uno de los grandes supervivientes de la historia del flamenco madrileño. Abrió sus puertas en 1911 y durante décadas fue uno de los principales puntos de encuentro entre el flamenco y la vida nocturna de la capital. Su característica más reconocible es su espectacular fachada de azulejos, decorada con escenas y monumentos de diferentes ciudades españolas, representando la España que tanto le gustaba a Ava. Por sus salones pasaron algunas de las grandes figuras del cante y el baile, además de innumerables visitantes extranjeros atraídos por un espectáculo que, durante buena parte del siglo XX, constituía una de las imágenes más poderosas de España en el exterior.

En los años cincuenta y sesenta, cuando Ava Gardner vivía en Madrid, Villa Rosa formaba parte del circuito nocturno que recorrían estrellas internacionales, toreros y artistas. Su fascinación por el flamenco hizo que los tablaos y locales de este tipo ocuparan un lugar importante en su vida madrileña. Tras atravesar diferentes etapas, cierres y reaperturas, el histórico establecimiento funciona actualmente bajo el nombre de Tablao Flamenco 1911. La fachada y el emplazamiento permiten todavía reconocer uno de los escenarios más característicos de aquel Madrid nocturno.

Corral de la Morería (Calle de la Morería, 17)

El Corral de la Morería abrió sus puertas en 1956, prácticamente a la vez que el traslado de Ava Gardner a Madrid. Fundado por Manuel del Rey, nació con la intención de recuperar el ambiente de los antiguos cafés cantantes y ofrecer espectáculos protagonizados por grandes figuras del flamenco. Su ubicación, junto al barrio de La Latina y a escasa distancia del Palacio Real, contribuyó a convertirlo rápidamente en uno de los tablaos más prestigiosos de Madrid. Por su escenario han pasado artistas fundamentales del género, jefes de Estado como Alfonso XIII, actores, músicos y personalidades internacionales.

Ava encajaba perfectamente en aquel ambiente. Su gusto por España se traducía en una fascinación por el flamenco, y podía permanecer durante horas escuchando guitarras, viendo bailar o prolongando la reunión después del espectáculo. Lo significativo es que el local representaba exactamente el Madrid que ella buscaba: nocturno, espontáneo, artístico y muy diferente del mundo encorsetado de Hollywood.

Torres Bermejas (Calle de Mesonero Romanos, 11)

Torres Bermejas es otro icono de la historia de los tablaos madrileños. El establecimiento actual abrió a comienzos de los años sesenta en la calle de Mesonero Romanos, muy cerca de la Gran Vía, sobre un local flamenco anterior. Su interior resulta especialmente reconocible por una decoración inspirada en la Alhambra de Granada, que busca trasladar al visitante a una atmósfera granadina en pleno centro. Durante décadas reunió a algunas de las figuras fundamentales del flamenco y posteriormente adquirió una importancia especial por la presencia de artistas como Camarón de la Isla, que actuó allí siendo todavía muy joven, y donde conoció a Paco de Lucía.

Su apertura coincide con la etapa de mayor integración de Ava Gardner en la vida madrileña. Para entonces, la actriz conocía perfectamente los códigos de la noche de la capital, y los tablaos constituían uno de sus ambientes estrella. Torres Bermejas aparece incluido entre los locales vinculados a su circuito nocturno; sin embargo, es importante distinguir entre esa asociación general y las anécdotas concretas que se han ido acumulando posteriormente alrededor de su figura. Torres Bermejas continúa abierto en Mesonero Romanos, 11, y sigue ofreciendo espectáculos, por lo que constituye una de las mejores oportunidades para aproximarse físicamente al ambiente que caracterizó las noches madrileñas de aquellos años.

Restaurante Botín (Calle de Cuchilleros, 17)

Fundado en 1725 junto a la Plaza Mayor, Botín es uno de los establecimientos más antiguos y conocidos de Madrid, y figura en el Guinness World Records como el restaurante más antiguo del mundo en funcionamiento continuado. Su historia está ligada al Madrid tradicional: sus comedores, distribuidos en varias plantas y sótanos abovedados, y su histórico horno de leña han convertido el cochinillo y el cordero asados en sus platos emblemáticos. Durante el siglo XX adquirió una enorme popularidad gracias a escritores y viajeros como Ernest Hemingway, profundamente vinculado a Madrid, que lo mencionó en su libro Fiesta (The Sun Also Rises), contribuyendo a convertirlo en una referencia para los admiradores que visitaban la ciudad.

Botín aparece también dentro de las rutas y reconstrucciones del Madrid relacionado con Ava Gardner. La actriz se sentía atraída por una España muy diferente de los ambientes de Hollywood y frecuentaba restaurantes donde podía disfrutar de la cocina tradicional acompañada de amigos, toreros y artistas. Y es que Botín formaba parte de ese Madrid castizo que fascinaba a muchos de los extranjeros de su generación. El restaurante continúa abierto en Cuchilleros, 17, prácticamente en el mismo entorno urbano que conocieron Hemingway, Gardner y tantos otros visitantes del Madrid de la posguerra.

Ava Gardner

Cervecería Alemana (Plaza de Santa Ana, 6)

La Cervecería Alemana abrió en 1904 en la plaza de Santa Ana y rápidamente se convirtió en uno de los establecimientos característicos del Barrio de las Letras. Frente a los restaurantes de lujo y las sofisticadas coctelerías de la Gran Vía, ofrecía un ambiente mucho más informal, y su ubicación era excepcional. A pocos metros se encontraban teatros, hoteles, cafés, restaurantes y tablaos, de modo que la plaza era uno de los principales centros de vida de escritores, periodistas, actores...

Su cliente extranjero más célebre fue probablemente Ernest Hemingway, que frecuentaba la cervecería durante sus estancias y llegó a escribir sobre ella, y era su punto de encuentro más habitual con Ava Gardner. La actriz compartía amistades y ambientes con Hemingway, Orson Welles, toreros y otros extranjeros fascinados por España, y la plaza de Santa Ana formaba parte del territorio que recorrían. Más que uno de sus locales favoritos, esta cervecería era parte del ecosistema nocturno y cultural en el que se movía. La cervecería continúa abierta en el número 6 de la plaza y conserva deliberadamente un aspecto tradicional que permite imaginar bastante bien la atmósfera de la época.

Lhardy (Carrera de San Jerónimo, 8)

Cuando Lhardy abrió sus puertas en 1839 introdujo en Madrid una forma de restauración inspirada en los grandes establecimientos europeos. Fundado por Emilio Huguenin Lhardy, de origen suizo, se convirtió pronto en uno de los restaurantes preferidos de la aristocracia. Sus salones fueron escenario de comidas, reuniones y conspiraciones políticas, y el establecimiento acabó formando parte de la propia historia social de Madrid. El célebre consomé, el cocido, los espejos, las maderas y el samovar del piso inferior contribuyeron a crear una identidad que ha sobrevivido hasta nuestros días desde la época en la que reyes como Isabel II o Alfonso XII lo frecuentaron.

Durante los años cincuenta, Lhardy representaba un Madrid muy diferente del de los tablaos flamencos que fascinaban a Ava Gardner. Era elegante, formal y cargado de tradición, pero pertenecía igualmente al circuito de establecimientos frecuentados por las élites madrileñas y los visitantes extranjeros. Las rutas dedicadas a la actriz lo incluyen dentro de su geografía gastronómica, aunque, de nuevo, su relación con Gardner no está documentada con la abundancia de testimonios existente en el caso de Chicote. Resulta interesante precisamente por ese contraste, ya que permite comprender que el Madrid de la actriz no se limitaba a las madrugadas flamencas, sino que se desarrollaba en una ciudad donde convivían restaurantes decimonónicos, hoteles de lujo, tabernas y modernos bares de cócteles. Lhardy continúa abierto en Carrera de San Jerónimo, 8, conservando una parte importante de su decoración y de su carácter histórico.

Hotel Palace (Plaza de las Cortes, 7)

Inaugurado en 1912 por iniciativa de Alfonso XIII, el Palace fue uno de los grandes símbolos de la modernización de Madrid a comienzos del siglo XX. Construido frente al Congreso de los Diputados y muy cerca del Museo del Prado, nació como un establecimiento destinado a una nueva generación de viajeros internacionales que demandaban niveles de confort hasta entonces poco —o nada— habituales en la capital. Su gran cúpula de vidrieras, sus salones y su ubicación hicieron que pronto se convirtiera en escenario de la vida política, diplomática y cultural madrileña. Durante la Guerra Civil llegó a funcionar como hospital, y tras la contienda recuperó progresivamente su condición de gran hotel internacional.

En el Madrid de la posguerra y el desarrollismo, el Palace era uno de los lugares donde coincidían diplomáticos, aristócratas, periodistas, estrellas cinematográficas y viajeros adinerados. Ava Gardner se movía dentro de ese universo, y el Palace debe entenderse sobre todo como parte del escenario social en el que se desenvolvía la actriz, entrecruzando el Madrid moderno y cosmopolita con el Madrid político-militar oficialista. El edificio continúa funcionando como hotel de lujo en la plaza de las Cortes y, tras diferentes etapas y denominaciones, conserva su condición de uno de los grandes hoteles icónicos de Madrid.

Hotel Ritz (Plaza de la Lealtad, 5)

El otro gran hotel icónico de la capital ha sido siempre el Ritz, que abrió en 1910 en la plaza de la Lealtad, frente a la Bolsa de Madrid. Impulsado también durante el reinado de Alfonso XIII, introdujo en Madrid el modelo de lujo de la Belle Époque. Desde sus primeros años alojó a miembros de casas reales, políticos, artistas y grandes fortunas internacionales. Sus salones, jardines y restaurantes se convirtieron en espacios de representación social de una élite que encontraba allí un grado de sofisticación comparable al de París o Londres. Después de la Guerra Civil recuperó esa función y, durante los años cincuenta, volvió a ser uno de los principales escaparates de la alta sociedad madrileña.

El Ritz pertenece al paisaje social en el que se desenvolvieron las estrellas internacionales que llegaron a la España franquista, entre ellas Ava Gardner. Si bien Ava nunca llegó a vivir en él ni en el Palace —al contrario que en el Castellana Hilton—, estos hoteles formaban parte de su circuito social. El contraste resulta revelador: a poca distancia de sus elegantes salones comenzaba el Madrid de cafés, tabernas y tablaos que la actriz prefería para prolongar sus noches. Actualmente, el histórico edificio funciona como Mandarin Oriental Ritz Madrid, tras una profunda restauración que ha preservado su carácter monumental.

Preguntas frecuentes sobre el Madrid de Ava Gardner

¿Dónde vivió Ava Gardner en Madrid? Ava Gardner residió, entre otros lugares, en el Hotel Castellana Hilton (hoy Hotel InterContinental), en unos pisos de la calle Oquendo, en el Chalet de la Bruja de La Moraleja y, sobre todo, en un dúplex de la calle Doctor Arce, 11, en el barrio de El Viso.

¿Qué locales frecuentaba Ava Gardner en Madrid? Entre sus lugares habituales estaban el Museo Chicote, los tablaos flamencos Villa Rosa, Corral de la Morería y Torres Bermejas, el restaurante Botín, la Cervecería Alemana en la plaza de Santa Ana y hoteles como el Palace y el Ritz.

¿Se pueden visitar hoy los lugares de Ava Gardner en Madrid? Sí. La mayoría de estos establecimientos —Chicote, Botín, la Cervecería Alemana, Lhardy, el Ritz y el Palace— continúan abiertos, y los antiguos tablaos siguen funcionando bajo nuevos nombres, como Tablao Flamenco 1911 (antiguo Villa Rosa).


Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro. Autor: Miguel Cervera. Foto principal: Ava Gardner, interpretada por Debi Mazar en la serie Arde Madrid de Paco León y Anna R. Costa