Chamberí al detalle: origen histórico, lugares clave y vida de barrio

Chamberí al detalle: origen histórico, lugares clave y vida de barrio

Casi todas las webs que explican el nombre de Chamberí repiten la misma historia: un regimiento francés llamado Chambéry acampó aquí durante la Guerra de la Independencia, y de ahí quedó el nombre. Es la versión que da por buena el propio Ayuntamiento de Madrid, y la que se repite en la mayoría de artículos que circulan sobre el origen del distrito. Hay un problema con esa versión, y es de los que rara vez se cuentan: un plano de la ciudad trazado por Nicolas Chalmandrier cuarenta años antes de aquella guerra ya recogía el nombre "Chamberí", lo que invalidaría por completo la teoría del campamento francés.

Esta es la historia real del barrio, con sus teorías en disputa, su pasado industrial y los nombres que marcaron su identidad mucho antes de que llegara la fama castiza que arrastra hoy, cuando todavía era terreno de caza y huerta a las afueras de la ciudad.

Un nombre con más de una versión, y ninguna del todo segura

Si el regimiento francés no cuadra cronológicamente, ¿de dónde viene entonces el nombre? La teoría alternativa más citada apunta a María Luisa Gabriela de Saboya, primera esposa de Felipe V, criada en la ciudad de Chambéry, en la región francesa de Saboya. Según esta versión, a la reina le gustaba pasear por estos terrenos, entonces bosque y huerta extramuros de la ciudad, porque le recordaban a su infancia en aquella región. Existe incluso una tercera teoría, mucho menos verosímil, que relaciona el nombre con el "chambergo", un sombrero de ala ancha que llevaban los pastores de la zona. Ninguna de las tres versiones se ha impuesto de forma definitiva sobre las otras, y es habitual encontrar fuentes que dan por buena la del regimiento francés sin reparar en la contradicción del plano anterior, repitiendo un dato que, con solo comprobar la fecha, dejaría de sostenerse.

De tierras templarias a barriada de tejares

Durante la Edad Media, estos terrenos pertenecieron a la Orden del Temple, hasta su desaparición en el siglo XIV. Con el tiempo pasaron a depender del Concejo de Fuencarral, y en la llamada "plaza vieja", hoy Plaza de Chamberí, se levantaba la quinta del Marqués de Santiago, conocida como la casa de las Columnas, en el emplazamiento que hoy ocupa la Junta de Distrito. La zona funcionó durante siglos como terreno de caza y recreo para la nobleza, antes de convertirse, a mediados del siglo XIX, en una barriada industrial con apenas 700 vecinos y quince industrias: cuatro tejares, fábricas de productos químicos, tahonas, fundiciones y hasta un molino de chocolate. La proliferación de fábricas convirtió al barrio en foco de humos y malos olores, con protestas vecinales constantes por las condiciones del entorno, muy lejos todavía del prestigio que asociamos hoy con este mismo distrito.

El ensanche que cambió por completo su carácter

A partir de 1868, el plan de ensanche impulsado por Carlos María de Castro revalorizó por completo la zona, y aquel antiguo arrabal industrial empezó a atraer a burgueses y aristócratas que lo convirtieron en uno de los barrios más elegantes de Madrid. El trazado resultante, con manzanas cuadradas y calles paralelas o perpendiculares entre sí, sigue siendo hoy una de las estructuras urbanísticas mejor definidas de toda la ciudad, en marcado contraste con el trazado irregular y medieval de barrios como La Latina. Por sus calles llegaron a vivir nombres como Vicente Aleixandre, Mariano Benlliure, Benito Pérez Galdós, Camilo José Cela, Joaquín Sorolla, Antonio Machado, Pío Baroja o la bailaora Encarnación López Júlvez, conocida como "La Argentinita", una concentración de talento artístico poco habitual fuera del propio centro histórico de la ciudad, y que convirtió al barrio en residencia preferida de buena parte de la intelectualidad española de la primera mitad del siglo XX.

Chisperos y faisanelos, los apodos que definieron su carácter

Antes de que Chamberí fuera sinónimo de elegancia burguesa, sus vecinos recibían el apodo de chisperos, trabajadores ingeniosos y castizos ligados al oficio del metal, de donde viene el nombre por las chispas que saltaban de sus fraguas durante toda la jornada de trabajo. Otro apelativo menos conocido, pero igual de presente en el habla popular de la época, era el de faisanelo, usado para describir a quien tenía un espíritu alegre y algo pícaro. Ambos términos resumen bien el carácter desenfadado que, según cuentan quienes llevan años viviendo en el barrio, Chamberí nunca ha llegado a perder del todo, ni siquiera tras convertirse en una de las zonas más solicitadas de la ciudad, con precios de vivienda que hoy poco tienen que ver con el barrio obrero que fue en sus primeros años.

Seis barrios dentro de un mismo distrito

El distrito de Chamberí se divide administrativamente en seis barrios: Gaztambide, Arapiles, Trafalgar, Almagro, Ríos Rosas y Vallehermoso, cada uno con su propio carácter dentro del conjunto, desde el ambiente más universitario de Gaztambide hasta el aire más señorial de las calles próximas a Almagro. Dentro de Trafalgar se encuentra la Plaza de Olavide, un espacio circular rodeado de terrazas que se llena especialmente en los meses de verano, y que funciona como uno de los puntos de encuentro más vivos de todo el distrito, muy alejado en ambiente del Chamberí más señorial de la calle Almagro.

La estación que dejó de existir en 1966

Bajo las calles de Chamberí sigue existiendo, congelada en el tiempo, una estación de metro que dejó de funcionar en 1966: la primera línea del metro madrileño la construyó con esta parada incluida, y hoy sobrevive convertida en museo bajo el nombre de Andén 0. Muy cerca de aquí, además, durante el levantamiento del 2 de mayo de 1808, Daoíz y Velarde y una pequeña milicia de madrileños se enfrentaron a las tropas napoleónicas subiendo desde Malasaña y Tribunal por la actual calle Luchana, en uno de los episodios que ya contamos con detalle al hablar de aquel levantamiento.

Dónde comer, con guía propia

La escena gastronómica de Chamberí es lo bastante rica como para merecer su propio recorrido aparte, así que si buscas dónde parar a comer en el barrio, ya contamos con una guía específica sobre dónde comer en Chamberí, además de haber mencionado alguno de sus locales, como el ramen del propio Mercado de Chamberí, al hablar de la mejor oferta de ramen de la ciudad, otro buen ejemplo de cómo el barrio ha sabido incorporar cocinas nuevas sin perder del todo su base más tradicional.

Un distrito cuyo nombre francés sigue sin resolverse del todo, que pasó de foco industrial maloliente a barrio de la burguesía en apenas unas décadas, y que conserva bajo sus calles una estación de metro fantasma junto a la memoria de una de las batallas más recordadas de la historia de Madrid. Pocos distritos de la ciudad han cambiado tanto de piel sin perder, según quienes lo conocen bien, ese punto de espíritu chispero que le dio nombre a sus primeros vecinos, un carácter que sobrevive hoy más en el trato de la gente que en cualquier placa conmemorativa del barrio.

Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.