Argüelles: guía del barrio

Argüelles: guía del barrio

Argüelles tiene forma de bota en el mapa, con el talón apoyado en la Plaza de España y la puntera perdiéndose hacia el Parque del Oeste. Dentro de ese contorno irregular, delimitado por el Paseo de Moret, la calle Princesa, el Paseo del Pintor Rosales y la Cuesta de San Vicente, conviven un templo egipcio de más de dos mil años, palacetes del siglo XIX y una de las zonas de ocio nocturno con más historia entre los universitarios madrileños.

Esa mezcla, de monumento milenario y bares llenos de estudiantes un jueves por la noche, es precisamente lo que hace difícil resumir Argüelles en una sola frase. Es un barrio que cambia de cara según la hora del día, y conviene conocerlo en varios de sus registros para hacerse una idea completa.

Un político del siglo XIX le dio nombre al barrio

El barrio debe su nombre a Agustín Argüelles, político español del siglo XIX, aunque su origen urbanístico se remonta a 1865, cuando comenzó la construcción sobre terrenos que pertenecían a la Corona, en la zona de la Montaña del Príncipe Pío. La urbanización arrancó una vez concluidas las obras de la Estación del Norte y el Cuartel de la Montaña, dos infraestructuras que marcaron el desarrollo de todo el entorno.

La Guerra Civil golpeó con dureza esta zona: al acercarse las tropas de Franco a Madrid, Argüelles y la vecina Ciudad Universitaria fueron declaradas frente de guerra, con combates que dejaron huella en buena parte del barrio. A pesar de aquellos años difíciles, todavía se conservan edificios como el Palacio de la Infanta Isabel de Borbón y el antiguo asilo y convento del Buen Suceso, testigos silenciosos de un pasado que sobrevivió a la contienda.

El templo egipcio que nadie espera encontrar en Madrid

El Templo de Debod es, sin duda, la pieza que pone a Argüelles en cualquier mapa turístico de la ciudad. Construido hace más de 2.200 años por orden del rey nubio Adijalamani, cerca de la primera catarata del Nilo, estuvo dedicado a los dioses Amón e Isis. En la década de los sesenta, la construcción de la presa de Asuán amenazaba con sumergirlo bajo las aguas del lago Náser, y la UNESCO lanzó un llamamiento internacional para salvar los templos de Nubia. España fue uno de los pocos países que respondió a esa llamada, y Egipto, en agradecimiento, donó a nuestro país el templo en 1968, uno de los cuatro monumentos que repartió entre los países que colaboraron en el rescate, junto con Estados Unidos, Italia y Países Bajos.

Fue trasladado piedra a piedra, sillar a sillar (más de 1.300 en total), y reconstruido en su orientación original de este a oeste, en el mismo lugar donde antes se levantaba el Cuartel de la Montaña, destruido durante la Guerra Civil, y donde siglos atrás Goya inmortalizó los fusilamientos del 3 de mayo de 1808. Se inauguró en 1972, con entrada gratuita que se mantiene hoy, aunque conviene reservar con antelación en la web municipal, ya que el aforo dentro del templo está limitado a 30 personas y las visitas guiadas no superan los 30 minutos. Cerrado los lunes, sigue siendo, según coinciden todas las guías de la ciudad, uno de los mejores lugares de Madrid para ver el atardecer, con la luz dorada reflejándose sobre sus columnas y el estanque que lo rodea.

Un jardín premiado a nivel mundial

Dentro del Parque del Oeste, la Rosaleda merece parada aparte. Diseñada en 1958 por Ramón Ortiz, entonces Jardinero Mayor de la Villa, reúne unos 20.000 rosales de más de 650 variedades distintas, organizados en polígonos que se completan con estanques y pérgolas. Cada año se celebra ahí el Concurso Popular Rosa de Madrid, y en 2006 la World Federation of Rose Societies le concedió el "Award of Garden Excellence", un reconocimiento que pocos jardines españoles pueden presumir de tener.

Desde las laderas de la Rosaleda arranca además el teleférico de Madrid, con la particularidad de ser uno de los trayectos más horizontales del mundo: un recorrido de 2,5 kilómetros que lleva hasta el corazón de la Casa de Campo, sobrevolando el Manzanares. Dentro del propio parque, el pequeño Cementerio de las Víctimas del 2 de Mayo de 1808 guarda los restos de muchos madrileños fusilados durante el levantamiento contra las tropas napoleónicas, un rincón discreto que la mayoría de visitantes pasa por alto camino del templo.

El palacio de un marqués coleccionista

En la calle Ventura Rodríguez, muy cerca de la Plaza de España, el Museo Cerralbo ocupa una mansión decimonónica que perteneció al marqués de Cerralbo (1845-1922), político, poeta y arqueólogo que legó al Estado español toda su colección de arte. Sus salas conservan obras de Tiziano, Zurbarán, Alonso Cano, van Dyck y El Greco, entre otros grandes nombres, en un ambiente que recrea con fidelidad el lujo y el gusto de la aristocracia madrileña de finales del XIX, con el mobiliario original todavía dispuesto tal y como lo dejó su propietario.

El barrio universitario que nunca duerme

Por su cercanía a la Ciudad Universitaria y a la Universidad Complutense, Argüelles es uno de los barrios de Madrid con mayor concentración de estudiantes, algo que ha marcado su carácter nocturno durante décadas. Los bajos de Argüelles, la zona de bares bajo los edificios residenciales del barrio, es de las áreas de copas con más tradición entre la juventud madrileña, con locales como La Vía Láctea, referencia histórica de música en directo, o El Chapandaz, de ambiente más alternativo. La línea 3 de metro conecta el barrio con la Puerta del Sol en apenas tres paradas, lo que facilita que estudiantes de toda la ciudad conviertan Argüelles en punto de encuentro habitual las noches de fin de semana, especialmente entre jueves y sábado, cuando las terrazas y bares del barrio alcanzan su mayor afluencia.

Para el día a día, el Mercado de Moncloa ofrece producto fresco y una selección de tapas y platos típicos madrileños, además de funcionar como punto de encuentro más tranquilo, alejado del ambiente universitario nocturno de otras zonas del barrio. Es una parada útil para quien busca comer bien sin necesidad de reservar, especialmente entre semana, cuando el ritmo del barrio baja bastante respecto al del fin de semana.

Cómo recorrerlo

La parada de metro Plaza de España, servida por las líneas 2, 3 y 10, es el punto de partida natural. Desde ahí, un recorrido lógico bajaría hacia el Templo de Debod para ver el atardecer, seguiría por la Rosaleda y el Parque del Oeste, con opción de subir al teleférico si el día acompaña, y cerraría con una visita al Museo Cerralbo antes de que caiga la noche, dejando los bajos de Argüelles para quien quiera alargar la velada.

Merece la pena aclarar que reservar entrada al Templo de Debod con antelación evita sorpresas, sobre todo en fechas de mucha afluencia, ya que el aforo limitado hace que las visitas guiadas se agoten con facilidad. El resto del recorrido, en cambio, admite mucha más improvisación: tanto el parque como el mercado y los bares del barrio funcionan bien sin necesidad de planificar cada parada con precisión.

Argüelles combina, sin que ninguna de sus caras eclipse a la otra, historia milenaria, memoria de guerra, jardines premiados internacionalmente y una vida nocturna universitaria que sigue llenando sus calles cada fin de semana. Pocos barrios de Madrid ofrecen un contraste tan marcado entre lo que se puede visitar de día y lo que se vive de noche, y esa doble identidad, más que cualquier monumento concreto, es lo que termina definiendo su carácter.


Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28, crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.