Madrid está rodeada de pueblos que permiten un cambio de escenario completo sin necesidad de pasar la noche fuera. Ninguno de los que siguen exige más de una hora y media de viaje, y todos tienen algo muy concreto que ver, no solo "encanto" genérico repetido de una guía a otra sin ningún dato que lo sostenga.
Esta es la selección, con cómo llegar y qué no perderte en cada uno, sin relleno turístico sobre lo bonito que es todo.
Chinchón, el anís y la plaza que sirve de coso
A menos de una hora de Madrid, Chinchón tiene una de las plazas mayores más singulares de España: porticada, de traza irregular, declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1974, y que todavía hoy se convierte en improvisada plaza de toros durante las fiestas del pueblo, con los balcones de las casas que la rodean sirviendo de palco improvisado para los vecinos. No hay que irse sin probar el anís de Chinchón, con denominación propia, ni sus asados tradicionales en alguna de las tabernas que rodean la propia plaza, casi todas con mesas en el exterior mirando directamente a los soportales.
Patones de Arriba, el pueblo de pizarra negra
A unos 60 kilómetros al norte, en la Sierra Norte, Patones de Arriba destaca por una arquitectura muy distinta al resto de esta lista: casas de pizarra oscura y tejados negros, con un casco declarado Bien de Interés Cultural, construido siguiendo técnicas tradicionales que apenas han cambiado desde hace siglos. Se llega en coche por la A-1 y después la M-102 hasta el desvío al pueblo, dejando el coche abajo y subiendo a pie hasta el casco histórico, un pequeño esfuerzo que se olvida en cuanto se llega arriba y se ven las vistas sobre el valle. El Chiscón de Patones es el restaurante más recomendado, con el Lavadero de Patones como alternativa si está lleno, algo bastante habitual los fines de semana de buen tiempo.
San Lorenzo de El Escorial, el monasterio que no cansa
Con el Monasterio de El Escorial, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como gran reclamo, San Lorenzo de El Escorial combina la grandeza religiosa y palaciega del siglo XVI, construido bajo mandato de Felipe II, con rincones más discretos como la Casita del Príncipe. Muy cerca, el propio pueblo de El Escorial guarda joyas del siglo XVIII, entre ellas el Real Coliseo de Carlos III, con su propio café histórico dentro del teatro, un detalle que muy pocos visitantes conocen antes de llegar y que merece la pena buscar después de la visita al monasterio.
Manzanares el Real, castillo y montaña en la misma foto
Situado en pleno Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, este pueblo combina un castillo bien conservado con un entorno natural que invita a alargar la visita en forma de ruta de senderismo, con la sierra de Guadarrama como telón de fondo en casi cualquier ángulo desde el que se mire el propio castillo, algo que ha convertido a este rincón concreto en uno de los más fotografiados de toda la Comunidad de Madrid.
Rascafría, el valle que huele a bosque
En el Valle de Lozoya, Rascafría reúne el Monasterio de Santa María de El Paular, el bosque de Valsaín muy cerca, y caminatas ligeras junto al río que completan bien una mañana sin necesidad de calzado técnico de montaña ni de experiencia previa en senderismo. Es de los pueblos de esta lista con mejor fama gastronómica, algo que se nota en la cantidad de restaurantes que llenan sus calles cualquier fin de semana del año, con carnes a la parrilla y platos de cuchara como especialidad recurrente en la mayoría de sus cartas.
Buitrago del Lozoya, el pueblo medieval con un Picasso escondido
Rodeado por una curva del río Lozoya, con murallas medievales que parecen sacadas de un cuento, Buitrago del Lozoya guarda una sorpresa que pocos esperan encontrar en un pueblo de este tamaño: un pequeño Museo Picasso, con piezas de cerámica y grabados del artista, sin relación directa con Málaga ni con ningún otro museo dedicado al pintor, una colección que sorprende tanto por su calidad como por lo inesperado del lugar donde se encuentra. La Iglesia de Santa María del Castillo, con su campanario, ofrece además una de las mejores vistas de todo el entorno, con el río y las murallas visibles al mismo tiempo desde lo alto.
Cercedilla, la base de montaña que ya conocéis
Si el plan incluye algo de nieve o senderismo según la temporada, Cercedilla sigue siendo de las opciones más cómodas de toda la sierra madrileña, con Cercanías directa desde Madrid y sin necesidad de coche propio, algo que no todos los pueblos de esta lista pueden ofrecer con la misma comodidad. Ya lo mencionamos al hablar de dónde ver nieve cerca de la ciudad, pero fuera de esa temporada funciona igual de bien como punto de partida para rutas más suaves entre pinares, en la misma línea de lo que ya contamos sobre los bosques cerca de Madrid, con senderos señalizados que no exigen ninguna preparación especial más allá de un calzado cómodo.
Cómo elegir entre los siete
Si el plan es una escapada cultural sin coche, San Lorenzo de El Escorial es el más accesible en transporte público. Si buscas paisaje distinto a lo habitual, Patones de Arriba y su arquitectura de pizarra no se parecen a nada más de esta lista. Y si el objetivo es simplemente comer bien y volver relajado, Chinchón y Rascafría son, con diferencia, las apuestas más seguras, sin necesidad de reservar con semanas de antelación salvo en fechas muy señaladas del calendario festivo local.
Siete pueblos, ninguno a más de hora y media de Madrid, cada uno con una razón muy concreta para la visita: una plaza que se convierte en coso, una arquitectura de piedra negra, un monasterio que sigue sin cansar, un castillo entre montañas, un valle que huele a bosque, un Picasso donde nadie lo espera, y una base de sierra que sirve para casi cualquier estación del año.
Cuándo ir según la época
La primavera y el otoño son, en general, las mejores estaciones para visitar la mayoría de estos pueblos, con temperaturas moderadas que permiten caminar sin agobio por calles empedradas que en verano pueden calentarse bastante bajo el sol directo. Chinchón, en concreto, luce especialmente bien en esas dos estaciones, mientras que Manzanares el Real y Rascafría, al estar más ligados a rutas de senderismo, dependen más del estado del tiempo en la sierra que del calendario estricto. Si el plan incluye alguna festividad local, conviene revisar el calendario de cada pueblo antes de ir, ya que varias de estas localidades concentran su mejor ambiente en fechas muy concretas del año que merece la pena hacer coincidir con la visita.
Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro.