Museo del Ferrocarril de Madrid: la estación que sobrevivió

Museo del Ferrocarril de Madrid: la estación que sobrevivió

Hay una estación en Madrid que dejó de recibir trenes hace más de medio siglo, y que hoy alberga precisamente los trenes que un día circularon por sus vías. El Museo del Ferrocarril de Madrid ocupa la antigua estación de Delicias, la primera gran estación monumental de la ciudad, convertida desde hace cuatro décadas en el museo ferroviario con la colección más completa de todo el país, dentro de un edificio que ya era una pieza de museo antes incluso de albergar uno.

Esta es la historia real de un edificio que se quedó sin trenes y encontró la forma de conservarlos todos, con sus aciertos y también con lo que se perdió por el camino.

La primera gran estación monumental de Madrid

La estación de Delicias se inauguró el 30 de marzo de 1880, con la presencia de los reyes Alfonso XII y María Cristina, como terminal de la línea que unía Madrid con Ciudad Real. Fue diseñada por el ingeniero francés Émile Cachelièvre, para la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Cáceres y Portugal, y se construyó en apenas once meses, un plazo que sorprende incluso para los estándares actuales de obra pública, sobre todo tratándose de una estructura de semejante envergadura y complejidad técnica para la época. Con su estructura de hierro visible, fue la primera estación de la ciudad construida con ese sistema, y se convirtió en uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura industrial española del siglo XIX, un estilo que por entonces todavía resultaba poco habitual fuera de las grandes capitales industriales europeas.

De estación cerrada a museo nacional

El servicio ferroviario dejó de circular por Delicias en 1971, cuando la reorganización del tráfico ferroviario de Madrid, con la nueva estación de Chamartín ya en funcionamiento, dejó a este edificio sin función práctica. El germen del museo, sin embargo, venía de antes: en 1948, la conmemoración del centenario del primer ferrocarril peninsular, el de Barcelona a Mataró, despertó el interés por conservar el patrimonio ferroviario español, lo que llevó a la apertura de un primer museo en el Palacio de Fernán Núñez en 1967. La colección, cada vez más grande, se trasladó a la ya cerrada estación de Delicias en 1983, y el Museo del Ferrocarril de Madrid abrió oficialmente sus puertas al público el 19 de diciembre de 1984, con el nombre inicial de Museo Nacional Ferroviario, un cambio de sede que le dio por fin el espacio que la colección llevaba años necesitando, después de más de una década de crecimiento acumulado en un local mucho más pequeño.

Lo que se perdió por el camino

No toda la historia reciente del museo es de crecimiento continuo. En los años noventa, las obras urbanísticas del Pasillo Verde Ferroviario obligaron a reducir la superficie de la antigua playa de vías del recinto, y varias piezas que ya formaban parte del inventario del museo terminaron desguazadas por falta de espacio donde conservarlas. Es un dato que rara vez aparece en las guías turísticas del museo, pero que forma parte de la historia real de cualquier institución que depende, en última instancia, de decisiones urbanísticas que no siempre están de su lado, por muy valiosa que sea la colección que custodia y por mucho empeño que ponga la propia dirección del museo en conservarla intacta.

Qué hay dentro hoy

La nave central de la antigua estación alberga más de treinta locomotoras y coches de viajeros, un recorrido que permite seguir la evolución de la tracción ferroviaria en España, del vapor a la electricidad y el diésel. Entre las piezas más destacadas está la locomotora Tardienta, una de las joyas de la colección, símbolo de los primeros años de la revolución industrial ferroviaria. La Sala de Relojes conserva, entre otras piezas, el reloj que dio la salida al primer tren peninsular, el de Barcelona a Mataró, el 28 de octubre de 1848. La Sala de Modelismo ofrece una perspectiva en miniatura de todo el sistema, la Sala Delicias recorre la historia concreta de esta estación, y el Enclavamiento de Algodor, situado en las vías exteriores, muestra la mesa de palancas y el puente de señales que antaño regulaban el tráfico real de trenes, una parte del recorrido que suele pasar desapercibida frente al atractivo más evidente de las locomotoras.

El Tren de la Fresa, la actividad estrella

Entre las actividades que organiza el museo, ninguna tiene tanta fama como el Tren de la Fresa, que recorre el trayecto histórico entre Madrid y Aranjuez, el mismo que inauguró la primera estación de tren de la ciudad, la que hoy conocemos como Atocha. Convertido en un clásico del turismo madrileño, el trayecto se realiza con material histórico y personal ataviado de época, recreando la experiencia de viajar en tren durante el siglo XIX, con vendedores ambulantes de fresas y azucarillos incluidos como parte de la escenificación, exactamente igual que hacían los primeros vendedores ambulantes de la línea real en el siglo XIX. En Navidad, el museo organiza además el Tren de la Navidad, con coches de la década de 1920, pensado especialmente para el público infantil.

Cómo visitarlo

El museo está en el Paseo de las Delicias 61. Entre octubre y mayo, el horario es de lunes a viernes de 9:30 a 15:00, sábados y festivos de 10:00 a 19:00, y domingos de 10:00 a 15:00. Entre junio y septiembre, abre todos los días de la semana de 10:00 a 15:00. Desde 2020, el museo tiene en marcha un proyecto de ampliación y renovación museística, así que alguna sala o pieza concreta puede no estar disponible según el momento exacto de la visita, y conviene tenerlo en cuenta si el plan depende de ver algo muy específico.

Una estación que dejó de servir a los viajeros hace más de medio siglo, y que desde entonces se dedica a contarles a esos mismos viajeros, convertidos en visitantes, cómo era moverse por España antes de que existieran las líneas de alta velocidad. Pocos museos de Madrid guardan una relación tan literal entre el edificio que los aloja y lo que exponen dentro, hasta el punto de que resulta difícil imaginar esta colección en ningún otro lugar de la ciudad.

El propio edificio, una pieza más de la colección

Vale la pena recordar que el continente es tan valioso como el contenido. La estructura de hierro y cristal de Delicias, obra pionera en su momento, se conserva prácticamente intacta desde su construcción en el siglo XIX, algo poco habitual en un edificio industrial de más de siglo y medio de antigüedad que además cambió por completo de uso. Caminar bajo la gran nave central, con la luz filtrándose entre las vigas metálicas originales sobre las locomotoras expuestas, es una experiencia que va más allá de cualquier cartel explicativo, y que probablemente resume mejor que ninguna otra cosa el sentido último de un museo que decidió no separar nunca la historia que cuenta del lugar donde la cuenta.

Los horarios y disponibilidad de salas de este artículo corresponden a mediados de 2026 y pueden variar por el proyecto de renovación en marcha; conviene confirmar antes de una visita planificada.

Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28 — crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro. Foto: Luis García (Zaqarbal), 11 de julio de 2016. Disponible bajo licencias GFDL y CC BY-SA 4.0.