Hay barrios en Madrid que discuten su propia identidad. Conde Duque es uno de ellos: para algunos es la parte más tranquila de Malasaña, para otros una zona independiente con carácter propio, situada entre Plaza de España y Argüelles. Técnicamente pertenece al barrio de Universidad, dentro del distrito Centro, delimitado por las calles Princesa, Gran Vía, Fuencarral, Carranza y Alberto Aguilera. En la práctica, funciona con una identidad tan marcada que casi nadie discute que merece su propio nombre en cualquier mapa mental de la ciudad.
El nombre del barrio de Universidad, curiosamente, no viene del centro cultural que le da fama hoy, sino de la Universidad Central, abierta en 1843 en la calle de San Bernardo, en el antiguo Noviciado de los jesuitas. Esa capa de historia académica, hoy poco visible, convive con la que sí salta a la vista: el propio Cuartel del Conde Duque, que ha terminado imponiendo su nombre a todo lo que le rodea, más allá de la denominación oficial del distrito.
Un cuartel que estuvo a punto de desaparecer
El edificio que da nombre al barrio, el Cuartel del Conde Duque, empezó a construirse en 1717 por encargo de Felipe V, primer rey de la Casa de Borbón, para alojar a las Reales Guardias de Corps. El diseño corrió a cargo de Pedro de Ribera, uno de los arquitectos más importantes del barroco madrileño, y el resultado fue, en su momento, el edificio más grande de todo Madrid, con más de 200 metros de fachada rematados por una portada churrigueresca labrada en piedra.
Lo que pocos saben es que este monumento estuvo a punto de no llegar hasta hoy. A mediados del siglo XX se planteó su demolición por el mal estado de conservación del edificio. Por suerte, se impuso la opción de restaurarlo, y en 1969 el Ayuntamiento de Madrid lo adquirió mediante acuerdo con el Ministerio del Ejército. En 1976 fue declarado Monumento Histórico Artístico, y las obras de restauración que le dieron su forma actual no arrancaron hasta 2005, con la reinauguración del espacio cultural en 2011.
Hoy, sus casi 59.000 metros cuadrados, organizados en torno a tres patios, alojan una combinación poco habitual de instituciones: el Archivo de la Villa, cuatro bibliotecas, la Hemeroteca Municipal (fundada en 1916, la primera biblioteca de publicaciones periódicas del país), la Biblioteca Histórica Municipal (creada en 1876 por iniciativa de Ramón de Mesonero Romanos) y el Museo de Arte Contemporáneo, con entrada gratuita a sus salas de exposición permanente. En verano, el patio central se transforma en cine de verano y escenario de conciertos al aire libre.
Un barrio que fue aristocrático antes que alternativo
Antes de que Conde Duque tuviera nada que ver con lo alternativo, fue el primer enclave aristocrático y residencial de Madrid. Por sus calles pasaron personajes como Francisco de Goya, Rosalía de Castro o Ramón Pérez de Ayala. Entre sus vecinos más singulares está el Convento de las Comendadoras, el único convento de Madrid que se conserva íntegro, declarado Bien de Interés Cultural en 1970. Muy cerca, el Palacio de Liria, con jardines y salones que atraviesan siglos de historia, alberga una de las colecciones histórico-artísticas privadas más importantes de Europa, repartida entre sus 200 estancias, de las cuales unas 15 pueden visitarse.
Vintage, moda emergente y algo de tecnología
Conde Duque se ha convertido, con los años, en uno de los puntos de referencia de Madrid para la moda que se sale de lo mainstream. Sus calles reúnen escaparates de ropa vintage, tiendas de libros y vinilos de segunda mano, y proyectos de diseño emergente que encuentran aquí un público dispuesto a apostar por algo distinto. El propio centro cultural ha llegado a organizar desfiles con los alumnos del Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid, coincidiendo con la Fashion Week de la ciudad, reforzando ese vínculo entre el barrio y la moda que va más allá de la simple coincidencia comercial.
Para quien busca algo distinto, el barrio también esconde dos museos poco convencionales: The Robot Museum y Juguetrónica, dedicados a rarezas tecnológicas que atraen tanto a curiosos adultos como a familias. El Museo ABC de Dibujo e Ilustración, con su fachada de vidrio y metal, completa la oferta cultural del barrio, muchas veces eclipsado en fama por la vecina Malasaña pese a tener una programación igual de sólida.
Dónde comer y tomar algo
El barrio tiene fama, sobre todo, por sus cafeterías con estética cuidada. Federal Café, en la Plaza de Comendadoras, sirve brunch con decoración nórdica, mientras que MÜR Café apuesta por un ambiente hogareño con chimenea y sofá Chester, perfecto para quedarse horas con un té Earl Grey y crumpets de influencia londinense. El Jardín Secreto completa el trío de referencia para meriendas y brunch de fin de semana.
Para algo más castizo, Bodegas Rivas, fundada en 1923, y Bodegas El Maño conservan la esencia de la bodega madrileña de toda la vida, con tapa incluida en cada consumición y vino servido con nitrógeno en El Maño, una curiosidad que pocos locales similares ofrecen. Quien busque cocina mexicana con más carácter del habitual encuentra en María Bonita Taco Bar una de las referencias del barrio para tacos y guacamole.
Curiosidades que pocos conocen
El actual Conservatorio de Canto de Madrid ocupa hoy un palacio del entorno del Cuartel que, durante la primera mitad del siglo XX, fue el auténtico punto de encuentro de la vida musical de la capital, mucho antes de que Sala Siroco existiera. Es una de esas capas de historia que el barrio guarda casi en silencio, visible solo para quien se molesta en preguntar qué hay detrás de cada fachada.
Música en directo, con nombre propio
La Sala Siroco, en pleno corazón de Conde Duque, es una de las salas de conciertos más reconocidas de la zona, y forma parte de una escena de música en directo que convive con el resto de la oferta cultural del barrio sin competir por protagonismo. El propio Cuartel del Conde Duque fue, durante el primer cuarto del siglo XX, centro neurálgico de la vida musical de la ciudad, un legado que hoy continúa la Escuela Superior de Canto de Madrid, con sede en el mismo edificio.
Cómo moverte por el barrio
Conde Duque se recorre bien a pie, con calles estrechas y plazas peatonales que invitan a caminar sin prisa, muy distintas del bullicio de la cercana Gran Vía o la recién renovada Plaza de España, que marcan el límite sur del barrio. La combinación de tranquilidad residencial y actividad cultural constante es, probablemente, lo que mejor resume su carácter: ni tan expuesto como Malasaña, ni tan alejado del centro como para perder su pulso urbano.
Esta convivencia entre lo histórico y lo contemporáneo no es casual. El barrio ha ido absorbiendo, con los años, parte de la vida que el turismo masivo ha ido desplazando de Malasaña, sin llegar a perder del todo su carácter residencial. El resultado es una zona donde conviven vecinos de toda la vida, estudiantes de la cercana Universidad Complutense en su sede antigua, y una oferta cultural que rivaliza en calidad, aunque no en volumen, con la de barrios mucho más conocidos.
Si solo tienes una tarde, empieza por el propio Cuartel del Conde Duque y su museo de arte contemporáneo, sigue paseando por las calles de comercio vintage y moda emergente, y cierra el día con una copa en Sala Siroco o una cena en alguna de sus bodegas de siempre. Es un recorrido corto, pero que resume bien por qué este barrio, ni barrio del todo según algunos, sigue ganándose un hueco propio en el mapa cultural de Madrid.
Este artículo forma parte del Journal de CLUB 28, crónicas y guías de Madrid contadas desde dentro. Foto: Carlos Teixidor Cadenas (recorte del original).